viernes, 30 de mayo de 2014

Recordando... Sunday Silence y Easy Goer

Sunday Silence, Easy Goer. 

Han pasado veinticinco años, y aún resulta imposible nombrar a uno sin referirse al otro. Veinticinco años, y el solo recuerdo de sus dos cuerpos recorriendo la recta flanco a flanco sigue erizando la piel de los fanáticos hípicos como si fuera la primera vez. 

Se vieron las caras por primera ocasión el primer sábado de mayo de 1989 en Churchill Downs, y por última apenas seis meses después, en la Breeders' Cup Classic de Gulfstream Park, conocida como "La Carrera de la Década". Sin embargo, puede afirmarse casi con certeza que, salvo el caso de Affirmed y Alydar, ninguna otra rivalidad en la historia del turf ha hecho latir los corazones de los aficionados con tanta fuerza como la suya. 

Los dos potrillos habían sido criados en establecimientos vecinos de Paris, Kentucky, pero sus orígenes eran casi opuestos: Sunday Silence era el “patito feo”, un zaino negro y desgarbado al que nadie quería en las subastas; mientras que Easy Goer, por su parte, parecía estar destinado desde el momento de su nacimiento a ser el caballo perfecto. 

Juntos, sin embargo, nos regalarían una de las mayores rivalidades en la historia del deporte.


***



Easy Goer


Con los años lo terminarían llamando “El Héroe de Nueva York”, pero Easy Goer había nacido en Paris, Kentucky, en las verdes pasturas del histórico Claiborne Farm. Propiedad del famoso Odgen Phipps, patriarca del turf neoyorkino y presidente del Jockey Club Norteamericano, el alazán con la mancha blanca en la frente era un hijo de Alydar por Relaxing, una hija del legendario Buckpasser (el mejor caballo que había tenido Phipps) que no sólo había sido múltiple ganadora de grupo 1 y campeona en las pistas, sino que también había producido a la ganadora de grupo 1 Cadillacing, que también era hija de Alydar. 

Easy Goer y su madre Relaxing
Phipps, probablemente el criador con más influencia en la historia del turf norteamericano, y sin dudas uno de los miembros de la realeza del deporte, había sido el dueño del gran Bold Ruler, padrillo famoso por ser el padre del Secretariat, el más grande campeón de todos los tiempos. Un Secretariat al que Phipps había visto nacer, sólo para perderlo en una tirada de moneda ante Penny Chenery, dueña de la madre del gran campeón. O peor aún: Phipps había ganado la tirada de moneda, pero había elegido a otro caballo en vez de a Secretariat, en una decisión de la que se arrepentiría por el resto de sus días. Para 1986, cuando naciera el hijo de Relaxing, el veterano criador, a pesar de ser venerado en el mundo entero, jamás había ganado un Kentucky Derby, y todavía seguía esperando la de ese campeón que le diera el único título que le faltaba.

Ya desde el primer momento en que tocó el piso al nacer, muchos pensaron que aquel alazán iba a ser ese caballo. Porque Easy Goer era tan grandioso, tan increíblemente perfecto, que resultaba imposible no emocionarse pensando en su futuro. Absolutamente todo en él -desde su pedigree, que era producto de varias generaciones de la mejor sangre de Phipps, hasta su imponente aspecto físico, pasando por su personalidad-, invitaba a soñar con la gloria eterna, y eso fue lo que hicieron sus allegados. 

Y como su entrenador Shug McGaughey expresaría años más tarde, a pesar de que las ilusiones en torno al hijo de Alydar habían sido enormes ya desde un principio, una vez que fue puesto sobre una pista, cada uno de sus trabajos alrededor del óvalo no hizo más que incrementar las esperanzas en torno a él. Antes incluso de su debut ya muchos hablaban de aquel gran alazán de Phipps como una seria promesa, y no eran pocos los fanáticos y periodistas que por aquel tiempo ya se animaban a apodarlo “Big Red”, en alusión a su parecido físico con Secretariat.

Ganando el Cowdin con facilidad
Pero, al igual que en la primera carrera de Secretariat, el debut de Easy Goer ese primero de agosto de 1988 en Belmont Park no estaría exento de complicaciones. Partiendo como el enrome favorito en una carrera para perdedores sobre 1200 metros, el nieto materno de Buckpasser -que como en toda su carrera sería montado por el célebre Pat Day-, tuvo todo tipo de problemas en el trayecto, pero una vez que vio la luz arremetió como un rayo, y llegó a sólo un hocico de la victoria.

Sería una dura derrota para sus allegados, pero la revancha no tardaría en llegar: apenas 18 días más tarde, esta vez sobre la arena del histórico Saratoga, Easy Goer empezaría a demostrar su verdadero potencial, saliendo de perdedor con extrema facilidad sobre 1400 metros. Luego, el alazán ganaría una condicional sobre 1300 metros en Belmont Park por 5½ cuerpos y llegando a sólo 1/5 de segundo del récord de pista de 1:15 1/5, para después añadir a su palmares otros fáciles triunfos en el Cowdin (Gr.1) y el Champagne Stakes (Gr. 1), ambos en Belmont Park. En éste último, Easy Goer encontró la luz al entrar en la recta, y en un pestañeo ya se había separado de sus rivales, estirando diferencias con cada una de sus enormes brazadas para llegar al disco con 4 cuerpos de ventaja y en un excelente guarismo de 1:34 4/5, el cuarto mejor en los 122 años de historia de la carrera. 

Tan impresionantes habían sido sus victorias que para cuando a principios de noviembre el imponente alazán llegó a Churchill Downs para disputar la quinta edición de la Breeders' Cup Juvenile (Gr. 1), era el mayor favorito en la historia de la competencia. Además, por si esto fuera poco, el hijo de Alydar también saldría a la pista esa tarde pagando incluso menos que las otras dos grandes estrellas de la Breeders' Cup de ese año: el venerado Alysheba, otro gran hijo de Alydar que intentaba retirarse como el caballo  más rico de la historia por medio de una victoria en el Classic; y la invicta Personal Ensign, que al igual que Easy Goer era propiedad de Phipps y entrenada por McGaughey, y que buscaba ganar el Distaff para convertirse así en el primer pura sangre en 80 años en retirarse como campeón invicto.

Ningún potrillo desde Devil’s Bag, y antes que el Secretariat, había elevado tanto los ánimos de la afición norteamericana cómo lo había hecho Easy Goer en aquel otoño de 1988, y, aún antes de aquel Juvenile, el hijo de Alydar ya era considerado un enorme favorito para el Derby y la Triple Corona del año siguiente. El dominio que ejercía sobre sus rivales de turno, así como sus tiempos y la facilidad con que todo lo hacía resultaban sorprendentes, y cuando el gran alazán entró a las gateras aquella lluviosa tarde de noviembre, hasta el más novato de los fanáticos del hipódromo sabía que aquel caballo era lo más cercano a una reencarnación de Secretariat que fueran a ver en sus vidas. 

Desprendiéndose en la recta del Wood Memorial
Sin embargo, ese día el pupilo de McGaughey jamás se sintió cómodo en la pista fangosa de Churchill Downs, y para el estupor de los miles de fanáticos que esperaban verlo vencer con holgura, terminaría llegando al disco segundo, 1 cuerpo por detrás del puntero Is It True, un pupilo de D. Wayne Lukas al que ya había vencido fácilmente en tres de sus cuatro victorias previas. Terminada la carrera, Pat Day le atribuiría la derrota al estado de la pista, alegando que el potrillo nunca se había sentido a gusto corriendo en ella. Y aunque el sabor amargo de aquella derrota seguiría sobrevolando el ambiente hípico durante los siguientes meses, lo cierto es que Easy Goer no iba a perder ni un ápice de credibilidad en la mente de los fanáticos. En enero del año siguiente sería elegido como el "Mejor Potrillo de 2 Años" de la temporada, y, cuando tras la Breeders' Cup McGaughey lo llevara al estado de Florida para un merecido descanso invernal, el alazán seguiría siendo el enorme favorito de cara al Kentucky Derby del año siguiente.

Y si en el otoño de 1988 Easy Goer había sido dominante, cómo expresar lo que fue durante los primeros cuatro meses de 1989. Después de pasar unos meses recuperando energías y desarrollando aún más su imponente físico, el alazán volvió a las pistas a principios de marzo en los 1400 metros del Swale Stakes,  en Gulfstream Park, arremetiendo por afuera para ganar por casi 9 cuerpos en fantásticos 1:22 1/5, el mejor tiempo del año para la distancia en ese hipódromo. Luego, el hijo de Alydar viajó a Nueva York, y, en una de las performances más espectaculares en la historia ganó el Gotham Stakes (Gr. 2) de Aqueduct por 13 cuerpos, corriendo los 1600 metros de la carrera en un tiempo récord de pista de 1:32 2/5, a solo 1/5 de segundo del memorable récord mundial de Dr. Fager y casi 1 segundo más rápido que el “stakes record” de Secretariat. Incluso al día de hoy, ningún potrillo de 3 años ha recorrido la milla en un tiempo más rápido que el que marcó Easy Goer aquella tarde. Pero lo que lo hacía todo aún más increíble, era que el pupilo de McGaughey no parecía siquiera estar esforzándose.

El Wood Memorial (Gr. 1) corrido también en Aqueduct dos semanas después del Gotham, terminó por ser otro trámite, con Easy Goer desprendiéndose fácilmente de sus rivales para ganar por 3 cuerpos, en lo que iba a ser su última preparatoria de cara a la "carrera de las rosas". No fue una performance tan espectacular como la del Gotham, pues esta vez el alazán había llegado a más de 3 segundos del récord de Aqueduct para los 1800 metros. Pero la pista estaba muy profunda ese día, y aunque Pat Day parecía haber guardado muchas energías para Kentucky, Easy Goer igual había recorrido los últimos 200 metros de la carrera en excelentes :12 1/5.

Invicto en tres presentaciones ese año, y con un promedio de margenes de victoria de exactamente 8 1/4 cuerpos en esa temporada, el notable hijo de Alydar se tomó un par de días de descanso luego del Wood Memorial. Y cuando el miércoles después de la carrera McGaughey lo subió a un avión con rumbo a Churchill Downs, tanto los fanáticos como los expertos se frotaban las manos, pues hacía más de 10 años, desde los tiempos del gran Spectacular Bid, que ningún potrillo llegaba al Kentucky Derby con tantas expectativas de Triple Corona.

Lo que nadie sabía, era que aquel fantástico hijo de Alydar estaba pronto a encontrarse con su propia versión de Affirmed.



Sunday Silence


Un zaino oscuro, casi negro excepto por una larga mancha que le cruzaba la frente, Sunday Silence era un hijo de Halo y Wishing Well, por Understanding. Al igual que su futuro rival, había sido criado en Paris, Kentucky, y nada más ni nada menos que por Arthur B. Hancock III, cuyo abuelo Arthur B. Hancock había creado en 1910 el histórico Claiborne Farm, el lugar de nacimiento de Easy Goer. 

Hancock III era el primogénito del famoso Arthur “Bull” Hancock II, el hombre que había convertido a Claiborne en uno de los mejores criaderos de purasangres del mundo, reconocido, entre otras cosas, por ser el lugar de nacimiento del gran Secretariat. Sin embargo, tras la muerte de Bull en 1972, una junta de consejeros amigos del difunto, liderados por Ogden Phipps, el dueño de Easy Goer, decidió dejarle la dirección de Claiborne a su hermano menor, Seth Hancock, que a pesar de tener solo 23 años parecía más tranquilo y responsable que Arthur. Arthur jamás llegaría a asimilar semejante golpe, y pasado el tiempo intentaría demostrar que Phipps y los demás que se habían equivocado, creando su propio establecimiento, Stone Farm, ubicado al lado de Claiborne, y en donde en 1986 nacería Sunday Silence.

Y si Easy Goer era el caballo que todos querían, Sunday Silence era lo opuesto. Su pedigree no era nada malo; de hecho, era bastante bueno: Halo ya había demostrado ser un buen padrillo, sobre todo al engendrar a Devil's Bag, uno de los mejores potrillos de 2 años de todos los tiempos, y Wishing Well era una múltiple ganadora clásica con más de U$S 300.000 en premios acumulados. Sin embargo, el aspecto del potro, que era alto, desgarbado, y con rodillas defectuosas, no resultaba muy atractivo para nadie, y Arthur, que lo vio por primera vez galopando en el campo a los pocos días de nacer, parecía ser el único en ver algo en él.

Luego de que el animal casi mueriera de un extraño virus antes de cumplir el año de vida, Ted Keefer, un consejero de su dueño y criador Thomas Tatham, fue a verlo a Stone Farm, y enseguida le recomendó ponerlo en venta lo antes posible, no sin antes decirle a Arthur que "la única vez que este caballo tenga un manto de rosas encima va a ser el día que lo entierren". 

Desgarbado y feucho, Sunday Silence no atrajo compradores en Keeneland
Siguiendo el consejo de Keefer, Tatham puso a Sunday Silence a la venta, inscribiéndolo en las subastas de Keeneland del verano de 1987. Sin embargo, cuando Hancock, que estaba en el remate, vio que el oscuro iba a ser adquirido por apenas U$S 10.000, pensó que su amigo estaba haciendo un pésimo negocio, y decidió empezar a pujar hasta quedárselo por solo U$S 17.000. Una vez que recibió el ticket de la compra, se lo llevó a Tatham, explicándole que el potrillo habría sido prácticamente regalado de no haber sido por su intervención, y esperando que su amigo le pagara la compra y le agradeciera el gesto. Pero Keefer fue insistente con su jefe, y el criador le dijo al dueño de Stone Farm que no quería saber nada con el hijo de Wishing Well. Así, Hancock, que por aquellos días estaba sumido en un mar de deudas, no tuvo más remedio que quedarse con Sunday Silence.

Al año siguiente, cuando el hijo de Halo ya hubo sido domado, su nuevo propietario decidió intentar hacer un negocio de aquella compra impulsiva y errónea, y lo llevó a una subasta en California, donde esperaba venderlo por al menos U$S 50.000. Sin embargo, por segunda vez el hijo de Wishing Well no fue del agrado de nadie, y Hancock, al ver que se iba a ir por un precio muy inferior al que él esperaba, decidió “re-comprarlo” y quedárselo, pagando U$S 32.000 por el oscuro, y haciendo lo que en el momento le pareció un pésimo negocio.

Pero aunque todo lo que podría haber salido mal con el hijo de Halo ya parecía haber salido mal, su propietario jamás imagino el nuevo golpe que el destino le estaba por asestar. El conductor del tráiler que llevaba a Sunday Silence desde California hasta Nueva York, donde Stone Farm preparaba a sus potrillos para las carreras, sufrió un infarto mientras conducía por una carretera en el sur de Texas, falleciendo en el instante y provocando que el vehículo, con el joven caballo adentro, volcara en medio de la ruta. Varios de los otros pura sangres que viajaban en el trailer perdieron la vida en el accidente, pero aunque Sunday Silence logró sobrevivir, todos pensaron que jamás iba a poder llegar a correr. Pasó diez días en una clínica en Oklahoma, y luego fue llevado a Stone Farm, donde, en lo que Hancock luego describiría como "un milagro", el oscuro se recuperó totalmente.

Decidieron llevarlo a California, donde lo pusieron al cuidado de Charlie Whittingham, probablemente el entrenador más exitoso y venerado de todos los tiempos, que por ese entonces, con 75 años, ya integraba el Salón de la Fama y que acababa de ganar su primer Kentucky Derby con Ferdinand hacía dos años, en 1986. Whittingham, al que todos apodaban “El Águila Calva”, sabía lo que era tener un campeón en sus manos, y no tardó mucho en darse cuenta que aquel oscuro flaco y desgarbado tenía un talento sobrenatural. “Este negrito sí que puede correr” le dijo a Hancock la primera vez que lo llamó por teléfono, a lo que éste, que se encontraba en problemas financieros, decidió venderle un 50% del caballo. Luego Whittingham iba a terminar vendiendo vendiendo la mitad de sus intereses en el hijo de Halo a Ernest Gaillard, y así, casi como sin quererlo, los tres dueños del potrillo crearían la sociedad que pasaría a la historia como “H-G-W Partners”. 

Whittingham (derecha, saco azul), camina con su estrella
Sunday Silence debutó a fines de octubre de 1988 en Santa Anita Park, y, al igual que Easy Goer, lo hizo perdiendo. Montado por Pat Valenzuela, un joven de talento inigualable pero con un pasado de drogas y alcohol, el zaino, precedido de grandes trabajos matutinos, partiría como el enorme favorito de aquella carrera para perdedores corrida sobre 1300 metros. Sin embargo, a pesar de mostrar una gran aceleración en el codo, el potrillo iba a regalar la carrera tras correr erráticamente durante toda la recta, llegando  al disco segundo, a sólo un pescuezo del ganador. Esas dos características, la de correr más que sus rivales en el codo y la de zigzaguear en la recta, lo iban a acompañar al zaino a lo largo de toda su carrera.

Volvió a competir a las dos semanas, esta vez en Hollywod Park, saliendo de perdedor en gran forma al ganar por 10 cuerpos en 1:09 2/5 para los 1200 metros, a pesar de haberse abierto notoriamente en la recta. Pero Whittingham no encontraba la forma de enderezar al oscuro, y en la que sería su última carrera de 1988, Sunday Silence volvería a a zigzaguear en la recta, para llegar segundo a apenas una cabeza del muy acreditado Houston, un veloz hijo de Seattle Slew que con apenas 1 año de vida había costado U$S 2,9 millones en Keeneland, y que había llegado a aquella condicional tras debutar ganando por 13 cuerpos. 

Tras un descanso de varios meses, Sunday Silence empezaría su campaña como potrillo de 3 años el segundo día de marzo de 1989. Esa tarde, mientras los ojos del mundo hípico se posaban en la costa este, donde 48 horas después iba a retornar el campeón de la temporada anterior Easy Goer en el Swale Stakes, el oscuro de Hancock vencería cómodamente por casi 5 cuerpos en una condicional sobre la pista fangosa de Santa Anita. Después de eso, Whittingham, convencido de que el zaino podía llegar al Derby, lo anotaría para correr en el San Felipe Stakes (Gr. 2), un histórico clásico corrido sobre 1700 metros en Santa Anita. Iba a ser la primera ocasión en la que el hijo de Halo competiera corriendo alrededor de dos codos, y además se tendría que ver las caras con Music Merci, un talentoso hijo de Stop The Music que a los 2 años había obtenido el prestigioso Del Mar Futurity (Gr. 1), y que llegaba al San Felipe después de ganar el San Rafael Stakes (Gr. 2) por 9 cuerpos, lo que lo perfilaba como uno de los favoritos en la previa del Kentucky Derby. 

Eso fue lo que evitó que Sunday Silence partiera como el favorito de la carrera. Pero no fue motivo suficiente para que el nieto de Understanding despachara a Music Merci y al resto del lote con extrema facilidad, para ganar el San Felipe por 1 3/4 cuerpos en un tiempo de 1:42 3/5 y dejar a sus allegados con la certeza de que poseían un potrillo con altas probabilidades de ser actor principal el primer sábado de mayo en Churchill Downs.

Sin embargo, a pesar de sus admirables tabuladas, para el día del Santa Anita Derby (Gr. 1), corrido menos de un mes después sobre 1800 metros, la atención del público no estaría centrada en el negro hijo de Halo. En cambio, la gran mayoría de los fanáticos esperaba por una nueva actuación magistral de Houston, el pupilo de D. Wayne Lukas que ya sabía lo que era vencer a Sunday Silence, y que llegaba a su última preparatoria de cara al Kentucky Derby invicto en tres presentaciones y tras una contundente victoria por 10 1/2 cuerpos en el Bay Shore Stakes (Gr. 2) de Aqueduct. De salir victorioso ante Sunday Silence nuevamente, el apuesto hijo de Seattle Slew viajaría a Churchill Downs como uno de los favoritos de cara al Derby, y como el único potrillo de 3 años en todo el país con el potencial necesario para hacerle carrera al gran Easy Goer. 

Lo que nadie sabía, era que Sunday Silence iba a robarse el show esa tarde.

Después de golpearse levemente con Houston en la largada, el hijo de Halo se ubicaría tercero de éste y de Music Merci en los tramos iniciales de la carrera, y, al menos hasta el momento en que dejaron el opuesto, parecía que cualquiera de los tres buenos potrillos podía llegar a ganar. Pero solo hasta ahí.

Ganando el Santa Anita Derby por margen récord
Porque en el preciso instante en que dejaron la recta opuesta, Valenzuela dejó ir a Sunday Silence, y el zaino empezó a mostrarle al mundo lo que era capaz de hacer en los codos. Con su jinete inmóvil sobre los estribos, el caballo cambió de mano con la velocidad de un rayo, y antes de que Cordero o Pincay –a bordo de Houston y Music Merci respectivamente– pudieran darse cuenta, ya los había dejado atrás. Houston, el potrillo de los 3 millones de dólares, no tardó en quedarse sin restos, y empezó a perder posiciones ante los que venían frescos desde el fondo. Pero estos tampoco parecían poder lidiar con Sunday Silence, que para cuando cruzaron el palo de los 400 metros ya llevaba un un cuerpo y medio de ventaja sobre Music Merci. Un cuerpo y medio que pronto se convirtieron en dos, y después en tres. Tanta era la facilidad con la que se desprendía del lote el hijo de Halo, que para cuando entraron en la recta final, y aún faltando 300 metros para el disco, el relator Trevor Denman exclamaría impresionado: “Pat Valenzuela hasn’t moved! I think the Derby is over!”.

Ya en el derecho, Sunday Silence se cerró un poco al recibir un fustazo en el anca derecha, pero eso no lo detuvo, y el pingo continuó alejándose de sus competidores sin piedad, como si quisiera humillarlos mas que vencerlos. Llegó al disco 11 cuerpos por delante de su más cercano escolta, Flying Continental, en lo que aún hoy continúa siendo el margen de victoria más amplio en la historia de la carrera. Y su tiempo para los 1800 metros, aunque no fue descomunal, fue un muy buen guarismo de 1:47 3/5.

Terminada la carrera, las cámaras no tardaron en enfocar a Whittingham, que, para sorpresa de muchos, en ese momento tenía una expresión seria, y no de júbilo cómo era de esperarse. Como diría Dave Johnson en la transmisión televisiva, el “Águila Calva” lucía de esa forma porque tenía un ojo puesto en Churchill Downs, y el otro fijo en Easy Goer.



El Kentucky Derby: comienzo de una rivalidad 


Como escribiría la Blood-Horse años más tarde, lo único que significaba la aplastante victoria de Sunday Sunday en Santa Anita era que Easy Goer "iba a tener al menos un digno rival en su carrera por la Triple Corona". Pues, por más brillante que hubiese sido la performance del hijo de Halo en la costa oeste, el alazán de Phipps parecía absolutamente imbatible llegando a Churchill Downs.

A los ojos del público, aquel alazán era una especie de adonis equino hecho realidad, un caballo perfecto enviado desde arriba para cortar con un maleficio a la Triple Corona que ya llevaba 11 años sin ser obtenida. Y ni siquiera aquel oscuro fogoso, que corría con una pasión sinigual y cuya historia y personalidad lo perfilaban como el antagonista perfecto de Easy Goer, iba a poder permitir que el hijo de Alydar cumpliera con su destino. La carrera iba a ser promocionada como un duelo del este contra el oeste, como aquellos que décadas atrás habían protagonizado Affirmed y Alydar o Swaps y Nashua, pero eso era prácticamente un tema de marketing, ya que casi nadie parecía dudar que Easy Goer iba a ser el ganador aquel primer sábado de mayo. Incluso, no eran pocos los que ya hablaban de Triple Corona.

La largada del Kentucky Derby
Sin embargo, cuando el día de la carrera amaneció frío y lluvioso, las dudas empezaron a sobrevolar el aire de Churchill Downs. Salvando su problemático debut, la única otra ocasión en que Easy Goer había sido derrotado había sido en Churchill Downs la tarde del Juvenile, corrido sobre una pista fangosa, el mismo estado en que estaría la cancha para el Derby. ¿Era aquel el talón de Aquiles del gran hijo de Alydar? ¿O aquel Juvenile había sido simplemente una aberración de la naturaleza? Nadie parecía saberlo con certeza, pero tanto Pat Day como Shug McGaughey estaban mucho menos confiados que antes de la lluvia, y de pronto aquella carrera, que días antes parecía ya estar sentenciada en favor de Easy Goer, volvía a parecer al menos un poco abierta.

Al momento de la largada, Easy Goer y su buen compañero de yunta Awe Inspiring eran los favoritos del Kentucky Derby, pagando a dividendos de 4/5. Sunday Silence se mantenía como el enemigo a vencer, y pagaba 3/1. 

A pesar de que ninguno de los dos potrillos tuvo la mejor largada, pronto ambos pudieron encontrar posiciones de acecho perfectas. Entrando al primer codo, Houston lideraba la marcha, con Sunday Silence corriendo en la cuarta ubicación a más de cinco cuerpos, mientras que Easy Goer se ubicaba en la quinta colocación, sin perder de vista a su rival y escoltándolo de cerca. 

Pero ya en la recta opuesta, se hizo evidente que el hijo de Alydar no estaba en su día. A pesar de los estímulos de Day, el alazán parecía no estar adaptándose bien a la superficie fangosa, y le costaba mantener el ritmo de Sunday Silence. Éste último, en cambio, se sentía de maravilla, y entrando al segundo y último codo, con poco impulso por parte de Valenzuela, empezó a ganar ubicaciones, alejándose con extrema facilidad de Easy Goer y acercándose cada vez más a la punta. Antes de entrar al derecho, ya se encontraba en la segunda ubicación a un pescuezo de los líderes Northern Wolf y Houston, mientras que Easy Goer, que dejaba el alma en la arena de Churchill Downs, había quedado relegado en la sexta ubicación, tres cuerpos por detrás.

Sunday Silence gana el Derby con facilidad, y atrás, Easy Goer lo deja todo
Entrando en la recta final del Kentucky Derby, Sunday Silence no tuvo problemas para hacerse con la punta, dejando parados Northern Wolf y Houston con un impresionante cambio de ritmo. Estiro más de un cuerpo de ventaja en pocos metros, y aunque empezó a zigzaguear incesantemente en la recta y a mirar a los costados, corría tanto más que sus rivales que aún así seguía incrementando su liderazgo. Más atrás, Easy Goer, que ya antes de entrar en la recta había empezado a ser castigado por el látigo de Pat Day, arremetía guapamente en medio de otros rivales. Y aunque nunca llegaría a ser una amenaza para Sunday Silence, el alazán iba a llegar al disco segundo a 2 ½ cuerpos del oscuro, algo que saliendo del codo había parecido imposible. 

Terminada la carrera, habría muchísima tela para cortar: el caballo perfecto acababa de ser derrotado en la carrera más famosa del mundo por el potrillo al que nadie quería; y Arthur Hancock III, al que Ogden Phipps había impedido heredar Claiborne Farm, se había tomado una dulce revancha.

Y aunque las excusas de los allegados y fanáticos de Easy Goer no tardarían en llegar, sobre todo las concernientes al estado de la pista, la revancha tendría que esperar dos semanas más, hasta el día del Preakness Stakes (Gr. 1), la segunda gema de la Triple Corona. Un Preakness al que aún hoy, pasados más de 25 años, muchos recuerdan como la mejor carrera de caballos de nuestra era.



Un Preakness para la historia


Si bien el triunfo de Sunday Silence sobre Easy Goer en Churchill Downs había sido contundente, la gran mayoría de los aficionados aún creía que el hijo de Alydar era el próximo “superhorse” de la hípica norteamericana. Era de público conocimiento que el fango de Churchill Downs no era de su agrado, y muchos creían que en una pista rápida como la de Pimlico el nieto de Buckpasser iba a demostrar su verdadero potencial; que si Sunday Silence volvía a zigzaguear en la recta del Preakness como lo había hecho en el Derby, esta vez lo pagaría muy caro. 

La mañana de la carrera, Hancock leyó que 97 de 100 periodistas que cubrían la carrera habían elegido a Easy Goer como el favorito del Preakness. Esto, sumado al hecho de que Sunday Silence había perdido un par de días de entrenamiento por un problema en una de sus patas, no hizo más que preocupar al dueño del oscuro. El Águila Calva, aunque ya no tan confiado como en el Derby, igual intentó tranquilizarlo, expresándole que el caballo no podía llegar en mejores condiciones.

Para el momento en que los 8 competidores de aquel Preakness entraron en las gateras, la afición récord de 90.145 personas había vuelto a elegir como amplio favorito a Easy Goer, que pagaba incluso menos que en el Derby, a 3/5. Nuevamente, Sunday Silence partía como el enemigo, esta vez con dividendos de 2/1. 

Para el estupor de todos, Sunday Silence vuelve a ponerse a la par de Easy Goer
Easy Goer no tuvo la mejor de las largadas, pero no tardó en recomponerse, y ya en la recta ganó varias posiciones, para lograr ubicarse justo detrás de Sunday Silence entrando al primer codo. El oscuro, que había partido mejor que su rival, estaba cuarto a solo tres cuerpos del puntero Houston, y pronto tuvo a Easy Goer, que corría mucho más cómodo que en el Derby, respirándole en el anca. En la recta opuesta, Sunday Silence aceleró el ritmo, pero su rival no tardó en seguirlo, y ambos pasaron como balas por afuera del segundo y el tercero. Y cuando solo les quedó Houston por delante, se hizo evidente que aquella carrera iba a ser un mano a mano entre los dos rivales.

Pat Day, que había visto como Sunday Silence había acelerado en el último codo de Churchill Downs, no quiso entrar en la curva detrás de él, y al salir del opuesto decidió aflojarle las riendas a Easy Goer, impulsándolo a pasar al oscuro por afuera como una bala rojiza. Luego, una vez que el alazán hubo dejado atrás a su rival, Day decidió cerrarlo en las narices del hijo de Halo, generando que Valenzuela tuviera que frenar de golpe, y que Sunday Silence perdiera impulso en un momento vital de la carrera.

En la recta del Preakness
El zaino quedó más de dos cuerpos atrás de su rival tras la repentina frenada, y en ese momento todo el mundo pensó que estaba liquidado. Arthut Hancock, en el palco, bajó los binoculares resignado; y Pat Day, a bordo de Easy Goer, envió a su conducido raudamente a por la punta, pasando a Houston y -en una decisión de la se arrepentiría toda su vida-, sin preocuparse por guardar ningún resto para la recta.

Porque, antes de que nadie pudiera prepararse, y para el estupor de los espectadores, Sunday Silence había vuelto en un pestañeo, utilizando el codo a su favor para ubicarse por afuera de Easy Goer incluso antes de entrar al derecho. Sus orejas estaban echadas hacia atrás, y su pescuezo estirado en el esfuerzo, como si el hecho de que su rival lo hubiese obligado a frenar no hubiese hecho más que enfadarlo. "Aún hoy me sigo emocionando al recordarlo con las orejas hacia atrás, volviendo sobre Easy Goer con determinación" diría Hancock hace un par de meses.

Faltando 400 metros, y todavía antes de entrar en la recta, el zaino tomó la punta por afuera de un estupefacto Pat Day y de Easy Goer, que a pesar de no haber podido recibir ningún respiro, igual encontró fuerzas para reaccionar por adentro, poniéndose a la par de su rival. Y así, cabeza a cabeza, los dos grandes potrillos ingresaron en la recta final.

Easy Goer había ganado la gran mayoría de sus carreras arremetiendo por afuera, y en ese momento se encontraba en una posición desconocida y que, según posteriores declaraciones de Day, no era de su agrado. Igual, el bravo alazán batalló duramente, llegando a estirar una cabeza de ventaja sobre Sunday Silence a mitad de la recta. El hijo de Halo volvió a acelerar, impulsado por la fusta de Valenzuela, en un intento desesperado por mantenerse a la par de su rival, que a su vez tampoco quería dejarlo pasar. Faltando 150 metros, era imposible de decir cuál de los dos iba a ganar ese Preakness.

Sunday Silence gana el Preakness más memorable de la historia
En los últimos yardas, aún cabeza a cabeza uno con el otro, Valenzuela cerró levemente a Sunday Silence, obligando a Easy Goer y Day a acercarse aún más a la baranda interior. El alazán, impulsado desesperadamente por su jinete, intentó resistir, pero sus fuerzas estaban casi enteramente dedicadas a correr, y sólo pudo atinar a doblar la cabeza en dirección del oscuro. Y así, cuerpo contra cuerpo, como dos boxeadores que se niegan a tirar la toalla, los dos fantásticos pura sangres recorrieron los últimos metros del Preakness más épico de todos los tiempos.

Llegaron al disco convertidos en uno, flanco a flanco, cabeza a cabeza, el caballo perfecto y el “patito feo”. Y, por lo menos al principio, muy pocos pudieron adivinar cuál había sido el ganador.

Cuando por fin salió la foto, el resultado no tardó en levantar cejas: Sunday Silence había vuelto a vencer a Easy Goer, ganando la segunda gema de la Triple Corona por apenas un hocico, en lo que fue el Preakness más peleado de la historia. Por segunda vez en dos semanas, el pupilo de Whittingham había desafiado a la lógica. Pues no sólo había vuelto a vencer al gran Easy Goer, sino que ésta vez lo había hecho sobre una pista rápida y neutral. Y ahora, viajaba a Nueva York para intentar convertirse en el primer Triple Coronado de los últimos 11 años.



El Belmont: dulce venganza


Para McGaughey, la derrota sufrida en el Preakness fue aún más dolorosa que la del Kentucky Derby. Esta vez no había un terreno barroso al que culpar, y eso era lo que ponía nervioso al entrenador de Phipps. Pero, así como sabía que Sunday Silence lo había vencido en dos ocasiones, ahora, por lo menos, McGaughey tenía la certeza de que el zaino de Hancock no era un rival imposible para Easy Goer. Sólo un hocico los había separado en el disco de Pimlico, y tanto el entrenador como Pat Day estaban convencidos de que si su potrillo hubiese sido el que corría por fuera, el Preakness habría sido suyo.

"Easy Goer parecía un tren que Sunday Silence acababa de perder"
Ahora, era tiempo de que Easy Goer se cobrara la revancha, ya que, como muchos opinaban, si el alazán de Phipps no vencía a su rival en el Belmont, no sería capaz de vencerlo nunca. Belmont Park era la pista favorita de Easy Goer, el lugar donde había aprendido a correr y en donde ya había capturado dos carreras de grupo 1. Además, sus codos largos y estirados neutralizarían una de las mayores fortalezas de Sunday Silence, y todo indicaba que si Easy Goer podía llegar al tiro derecho final a la par de su oscuro rival, la larga recta terminaría por favorecer sus monstruosas brazadas. Por si todo esto fuera poco, era de público conocimiento que Easy Goer, al tener un cuerpo grande y musculoso, necesitaba menos tiempo de recuperación que su esbelto rival, que ya antes del Belmont mostraba signos de cansancio por la agotadora Triple Corona. Además, Whittingham seguía teniendo que lidiar con problemas en una de sus patas, e incluso fue pateado por el hijo de Halo el día antes de la carrera.

Todo parecía indicar que las estrellas se alineaban en favor de Easy Goer; pero sin embargo, a pesar de lo ya mencionado, el Belmont Stakes (Gr. 1) marcó la primera vez -y única- en su carrera que el hijo de Alydar no partió como favorito. Mientras Sunday Silence entró a las gateras pagando dividendos de 4/5, Easy Goer salió a 8/5. Por tercera vez consecutiva, los apostadores estaban equivocados.

El alazán de Phipps se toma una dulce revancha
Ambos potrillos largaron en forma normal, y pronto Sunday Silence se ubicaría segundo, a un par de cuerpos del puntero Le Voyageur, con Easy Goer pegado en la tercera ubicación. Así se mantendrían hasta bien ingresado el último codo, cuando Valenzuela mandó al zaino a por la punta, pasando con facilidad a Le Voyageur. Esta vez, sin embargo, Easy Goer no tardaría en seguir al hijo de Halo, y cuando cruzaron el palo de los 400, poco antes de ingresar en la recta, los dos potrillos estaban a la par.

Pero aquellos que esperaban una repetición del duelo del Preakness, o tal vez una versión moderna de la batalla entre Affirmed y Alydar, iban a quedarse mudos de asombro. Porque apenas se puso a la par de Sunday Silence, Easy Goer despegó como un cohete, dejándolo rápidamente atrás, e ingresando a la recta ya con dos cuerpos de ventaja. Cómo bien describiría la Blood-Horse años después, el hijo de Alydar parecía “un tren que Sunday Silence acababa de perder”. Continuó estirando diferencias durante toda la recta, destrozando con cada una de sus magníficas brazadas los sueños de Triple Corona que acarreaba su archirrival, y terminó llegando al disco 8 cuerpos por delante del agotado hijo de Halo, estableciendo un fantástico tiempo de 2:26 para los 2400 metros. En toda la historia del Belmont Stakes, sólo Secretariat había recorrido esa distancia en un tiempo menor.

Finalmente, el gran alazán había logrado redimirse de su némesis.



Caminos diferentes, legados diferentes


Terminada la Triple Corona, Sunday Silence lideraba el marcador en 2 a 1 sobre Easy Goer, lo que por el momento lo convertía en el favorito para el premio de mejor potrillo de tres años de 1989. Sin embargo, ambos potrillos tomarían caminos diferentes como preparación al Breeders Cup Classic (Gr. 1) de noviembre, y, una vez que ambos volvieran a enfrentarse, Sunday Silence llegaría nuevamente, y por más increíble que parezca, en la posición de tener que probar que podía vencer a Easy Goer.

Sunday Silence ganando el Super Derby
El pupilo de Whittingham había vuelto a las carreras en California un mes y medio después del Belmont, dejando escapar una ventaja de cuatro cuerpos sobre Prized para perder el Swaps Stakes (Gr. 2) por ¾ cuerpo. Se recuperaría dos meses después en el Super Derby (Gr. 1) de Louisana Downs, venciendo con facilidad a Awe Inspiring por 6 cuerpos, en lo que sería su última preparatoria de cara al anticipado Classic de Gulfstream Park. El “Águila Calva” creía que, con pocas carreras y extensos períodos de inactividad en el medio, su pupilo llegaría a lo que sería la batalla por el cetro de "Caballo del Año" bien descansado y en las mejores condiciones para vencer a Easy Goer. 

McGaughey, por su parte, tenía un plan diferente para el hijo de Alydar. Un plan mucho más ambicioso. 

Después de darle un merecido descanso de dos meses, decidió correrlo ante los mejores caballos adultos de Norteamérica en el prestigioso Whitney Handicap (Gr. 1) de Saratoga. Bloqueado detrás de un muro de caballos entrando en la recta, el nieto materno de Buckpasser se haría un lugar, y aceleraría magníficamente para dejar a los ganadores de grupo 1 Forever Silver y Cryptoclearance casi 5 cuerpos atrás, en un tiempo que estuvo a solo 2/5 de segundo del récord de pista. Sólo dos semanas después, Easy Goer volvería a aparecer en la misma pista, como el gran favorito del histórico Travers Stakes (Gr. 1), para acelerar vertiginosamente en el codo y llegar al disco con una ventaja de 3 cuerpos, arañando el récord de pista de 2000 metros de General Assembly.
Easy Goer el día del Travers

Su mayor prueba sería el Woodward (Gr. 1), corrido sobre una pista fangosa en Belmont Park. Pero el hijo de Alydar, a pesar de la superficie, lograría una contundente victoria de 2 cuerpos sobre los adultos. Finalmente, correría en los 2400 metros del Jockey Club Gold Cup (Gr. 1), también sobre la arena Belmont Park. En lo que sería su última preparación de cara al Breeders’ Cup Classi (Gr. 1) –para el cual ya era considerado un amplio favorito–, Easy Goer se haría con la punta a mitad del codo, y estiraría su ventaja hasta llegar al disco 4 cuerpos adelante de Cryptoclearance, con Forever Silver y el resto del lote de caballos adultos a más de 15 cuerpos. Fue su última carrera de cara al Classic, y no pudo haber sido una más impresionante.



"La Carrera de la Década"


Desde su creación en 1984, el Breeders’ Cup Classic (Gr. 1) tuvo como objetivo enfrentar a lo mejor con lo mejor, en un escenario neutral que permitiera decidir qué caballo merecía el cetro de "Caballo Del Año". De hecho, los dos últimos vencedores (Ferdinand en 1987 y Alysheba en 1988), habían sido coronados como los mejores del país luego de sus sendas victorias en la carrera.

Easy Goer y Sunday Silence ya le habían demostrado al mundo su grandeza, tanto enfrentándose el uno al otro como venciendo a terceros. Sin embargo, solo podía haber un Caballo del Año 1989, y cuál de los dos era más digno de ese cetro se decidiría el sábado 5 de noviembre, cuando los dos magníficos potrillos se enfrentaran por última vez sobre la arena de Gulfstream Park.

No por nada se la llamó “La Carrera de la Década”. 

Easy Goer, el “Héroe de Nueva York”, venía de registrar una de las mejores campañas para un potrillo de 3 años de todos los tiempos, ganando cinco grupos 1 en forma consecutiva y venciendo a los mejores caballos adultos del país en 3 oportunidades. De ganar ese Classic terminaría por redondear un segundo semestre perfecto, uno que no sólo le traería el cetro de Caballo del Año, sino que también lo colocaría entre los mejores pura sangres de la historia.

Pero para eso, tendría que vencer a Sunday Silence, el único potrillo que lo había vencido en lo que iba del año, y uno que ya lo había hecho en dos oportunidades. El pupilo del “Águila Calva” llegaba a esa batalla final bien descansado, y si había un caballo capaz de vencer a Easy Goer, no cabían dudas de que ése era el.

El alazán de Phipps sería el gran favorito de la carrera, largando a dividendos de 1/2, y Sunday Silence partiría nuevamente como la segunda opción, esta vez a 2/1. Pero habían transcurrido algunos cambios desde la última vez en que se enfrentaran. Pat Valenzuela había sido suspendido previo a la Breeders’ Cup por una recaída en su lucha con las drogas, y la responsabilidad de la monta del hijo de Halo había recaído sobre el experimentado Chris McCarron. Este, que nunca había montado al potrillo, al menos oficialmente, era consciente de que “estaba en un caballo que podía vencer a Easy Goer”; a pesar de que los trabajos de Sunday Silence previo a la carrera habían sido brillantes –llegó a pasar la milla en 1:33 2/5 una mañana en Del Mar-, tanto el jinete como Whittingham sabían del enorme escollo que significaba tener que enfrentar al alazán de McGaughey.

No iban a haber tantas predicciones para ese Classic, como sí las hubo en Churchill Downs previo al Derby. Ya todos sabían de la calidad de ambos potrillos; de sus fortalezas y de sus debilidades. Ésta última vez, sólo quedaba la carrera que lo decidiría todo. La que dejaría los nombres de Sunday Silence e Easy Goer grabados para siempre en los libros de historia.
Llegando al disco en el Classic
Easy Goer largó un poco lento desde la baranda interior, y enseguida después se alejó visiblemente de la misma, quedando relegado en la sexta ubicación. Según posteriores declaraciones de su jockey Pat Day, el alazán estaba como dormido, y no demostraba ninguna disposición a correr en esos metros iniciales; cuando entraron al codo se ubicaba a seis cuerpos de su rival Sunday Silence, y a once del puntero Slew City Slew. En la recta opuesta, Sunday Silence empezó a ganar ubicaciones quedando tercero por detrás del puntero y de Blushing John, y todos creyeron que, con su rival tan atrás, todo iba a ser muy fácil para el hijo de Halo.

Pero fue en ese preciso momento, poco antes de entrar al último codo, que Easy Goer empezó a encontrar su mejor ritmo, y los gritos de los miles de fanáticos se elevaron al cielo cuando el nieto materno de Buckpasser, ante la recordada exclamación del relator Tom Durkin ("Now he's beggining to roll!") empezó a acelerar, pasando rivales como cohete hasta lograr ponerse a la par de su archirrival. Esa era la carrera que todos habían ido a ver.

Slew City Slew le dejó el lugar a un determinado Blushing John a mitad del codo, y pronto McCarron encontró el momento con el que había estado soñando durante las últimas semanas. Conocedor de la capacidad que tenía su conducido para correr los codos, el astuto jinete estimuló a Sunday Silence a acercarse al nuevo puntero, y el hijo de Halo despegó, acercándose al líder y alejándose nuevamente de Easy Goer y Pat Day a falta de 400 metros para el disco.

Una vez más, Sunday Silence prevalece sobre Easy Goer
Cuando entraron en la recta, Sunday Silence se puso a la par de un guapo Blushing John, con claras intenciones de dejarlo por el camino, mientras que, Easy Goer, que había quedado cuatro cuerpos atrás, cambiaba de mano y comenzaba su feroz atropellada. Los gritos de los fanáticos se hicieron alaridos, los corazones empezaron a latir con más fuerza, y la emoción recorrió el cálido aire de Gulfstream Park cómo nunca antes lo había hecho, a medida que las grandes brazadas de Easy Goer acortaban la distancia que lo separaban de Sunday Silence. El valiente Blushing John era un inesperado actor de reparto, y dejaba todo para no perder pisada, pero con Sunday Silence ya adelante y Easy Goer arremetiendo con ferocidad, todos sabían que iba a terminar tercero.

Faltaban menos de 200 metros, y la carrera aún no estaba decidida. En un momento parecía que Easy Goer no llegaría a pasar a Sunday Silence antes del disco, y justo en el siguiente el hijo de Alydar encontraba más fuerzas y se acercaba como un bólido a su oscuro rival. En la punta, Chris McCarron le pedía con todas sus fuerzas a su potrillo que aguantara tan solo unos metros más, y el pupilo del Águila Blanca guapeaba de lo lindo.

Finalmente llegaron al disco, con Sunday Silence prevaleciendo por sólo un pescuezo sobre Easy Goer, en un excelente tiempo de 2:00 1/5. Como debía ser, llegaron juntos.



***


Tanto Sunday Silence como Easy Goer volvieron a competir al año siguiente. Sin embargo, ninguno de los dos volvió a ser el mismo.

Easy Goer ganó un clásico menor en Belmont Park a mediados de mayo de 1990 por casi 8 cuerpos, y llegó al Met Mile (Gr. 1) doce días después como el gran favorito. Sin embargo, el hijo de Alydar terminaría llegando tercero a 2 cuerpos del futuro Caballo del Año Criminal Type, en lo que sería la única carrera de su vida en que no llegaría ni primero ni segundo. Un mes y diez días más tarde, en la última actuación de su carrera, Easy Goer se redimiría de esa derrota con un espectacular triunfo en el Suburban Handicap (Gr. 1) de Belmont Park, en el que llegaría a menos de un segundo del récord de pista de Alysheba. Posteriormente, una lesión en una pata lo alejaría para siempre de las pistas, y el alazán de Phipps sería retirado con un récord de 14 carreras ganadas (9 de grupo 1), 5 segundos y 1 tercero sobre 20 actuaciones. En toda su carrera, nunca fue vencido por más de 2 ½ cuerpos, y solo el mítico Citation logró vencer a los caballos adultos más veces que él a los 3 años. Aún hoy, su campaña de 1989 es considerada por muchos como la mejor de la historia en no recibir un título de campeonato.

El hijo de Alydar dejaría este mundo demasiado temprano, falleciendo sorpresivamente en 1994 y dejando escasa descendencia. De todos modos, una de sus hijas, My Flag, propiedad de Odgen Phipps y producto del cruzamiento con la legendaria Personal Ensign, terminaría ganando 4 carreras de Grupo 1, entre ellas el Breeders’ Cup Juvenile Fillies (Gr. 1) de 1995, y pariendo a Storm Flag Flying, la campeona 2 años de 2002 y también ganadora del Juvenile Fillies de ese año.

Sunday Silence, que luego de su victoria en el Classic de 1989 fuera coronado como Caballo del Año y Mejor Potrillo de 3 Años, volvería a las pistas en junio de 1990, ganando el Californian Stakes (Gr. 1) por ¾ de cuerpo. Finalmente, terminaría su carrera llegando segundo a una cabeza de Criminal Type -el único caballo que los venció a ambos- en la Hollywood Gold Cup (Gr. 1), para retirarse con 9 victorias (5 de grupo 1) y 5 segundos puestos sobre 14 carreras corridas, y una ventaja de 3 a 1 sobre Easy Goer.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y nada confirma tanto esta frase como el caso del gran hijo de Halo y Wishing Well. Una vez retirado de las pistas, el campeón al que nadie había querido en las subastas comenzó su carrera como reproductor en 1991, prestando servicios en el Stone Farm de Paris, Kentucky, el lugar donde había nacido. Sin embargo, y al igual que en casi toda su vida, el zaino negro fue prácticamente ignorado, ésta vez por los criadores. Dado el poco interés que recibía, Hancock no tardó en aceptar una oferta del criador japonés Zenya Yoshida, quién se llevó al padrillo a prestar servicios en su Shadai Stallion Station, del otro lado del pacífico. Allí, Sunday Silence volvería a de mostrarle al mundo, por una última vez, que había sido subestimado. En el país nipón, el antiguo Caballo del Año florecería, y no tardaría en convertirse en uno de los mejores padrillos de la historia, tanto asiática como mundial. Lideró la estadística japonesa por 13 años consecutivos, desde que su primera generación de corredores cumplió los 3 años en 1995 hasta 2007, cinco años después de su fallecimiento. Su sangre no sólo corre por las venas de los últimos dos ganadores de la Triple Corona nipona (Deep Impact y Orfevre), sino que además, por cada generación de corredores que produjo, al menos uno resultó ganador de grupo 1, llegando en el año 2000 llegó a producir un récord de 7 ganadores del máximo nivel. Nuevamente, el caballo al que nadie quiso había llegado a la cúspide.



***


Han pasado casi 25 años desde la tarde en que Sunday Silence y Easy Goer se vieron las caras por última vez, y su fantástica rivalidad todavía sigue generando disputas entre la afición hípica norteamericana. Sunday Silence salió victorioso más veces en los enfrentamientos entre ambos, pero el palmares de Easy Goer por fuera de la rivalidad supera ampliamente al del hijo de Halo, y eso no hace más que alimentar las discusiones.

Si me preguntan a mí, creo que es imposible decidir cuál de los dos fue el mejor. Porque por más que tal vez Easy Goer fuera el más talentoso en términos generales, había algo en su corajudo rival que parecía neutralizar las fortalezas del alazán. Sunday Silence no era tan llamativo como el hijo de Alydar, pero compensaba sus pocos defectos con una guapeza sin igual, y parecía sacar lo mejor de sí al enfrentarlo. 

Si tuviera que comparar su rivalidad con alguna otra, lo haría con la de los tenistas Federer y Nadal. Easy Goer era Federer, el potrillo cuasi-perfecto que ganaba todo y a todos, siempre y cuando no se tuviera que enfrentarse a su némesis, Sunday Silence, que como Nadal no era tan lujoso ni brillante como su archirrival, pero sí valiente y decidido.

En mi opinión, Sunday Silence fue el que más beneficiado se vio por la rivalidad. Pues por más que de no haber sido por Easy Goer el zaino probablemente hubiese sido el duodécimo triple coronado de la hípica norteamericana, el hecho de que haya vencido al notable alazán de Phipps tantas veces hizo que se ganara un respeto que tal vez no hubiese recibido de no haberlo enfrentado nunca. En cambio, con Easy Goer la cosa es distinta, ya que de no haber sido por Sunday Silence, el hijo de Alydar no solo hubiera realizado la mejor campaña por parte de un potrillo de 3 años en toda la historia, sino que también hubiese ganado la Triple Corona, retirándose como una leyenda de la altura de Secretariat, Man O' War o Citation. 

Para terminar, voy a contar una anécdota que ilustra a las claras la rivalidad:

Cierto día de 1988, cuando Arthur Hancock III ya había sido informado por Whittingham que el hijo de Halo tenía talento, el dueño de Stone Farm se encontró en una restaurante de Kentucky con su hermano menor Seth Hancock, cabeza de Claiborne Farm. La conversación, como siempre sucedía entre los dos, no tardó en derivar a los caballos, y fue ahí que Arthur mencionó las esperanzas que tenía en el potrillo negro: “Parece que tenemos uno realmente bueno en California” le dijo orgulloso a Seth; a lo que su hermano menor respondió, con gesto apenado: “Qué lástima. Porque los empleados de Claiborne andan diciendo que Phipps tiene este año al mejor potrillo que crió en su vida”.

Como dije, esta conversación, previa a que alguno de los dos potrillos alcanzara la fama mundial que luego ambos obtendrían, enseña a la perfección la historia de la fantástica rivalidad entre ambos: Sunday Silence fue siempre subestimado, y quizás hasta su muerte no se lo haya apreciado toda su valía; mientras que Easy Goer, por su parte, era lo opuesto, un caballo de orígenes perfectos que estuvo destinado desde su nacimiento a las mayores hazañas.

Sus nombres, sin embargo, permanecerán por siempre ligados en la historia del turf.




lunes, 19 de mayo de 2014

Recordando... Smarty Jones

Con motivo del décimo aniversario de la Triple Corona de Smarty Jones, y aprovechando que California Chrome ha vuelto a poner el tema sobre el tapete, he decidido sacar este artículo de mis archivos, para publicarlo en su honor. 

Hay algo en la historia de éste pequeño alazán que siempre ha logrado cautivarme más que las otras. Más que la de Secretariat; más que la de Seattle Slew; incluso más que la de mi amado Invasor.
Esto no quiere decir, de ninguna manera, que los tres caballos que acabo de mencionar no hayan sido mejores que Smarty Jones en la pista, pues, si analizamos sus historiales, lo fueron. 

Lo quiero decir es que, al menos desde mi punto de vista, la historia de Smarty Jones es -y seguirá siendo- única, no sólo por la por lo magnífica y trágica que es en sí misma, sino porque también es una especie de "combo" de las historias de todos mis otros pura sangres favoritos. Al igual que Secretariat tres décadas antes, el caballo surgió en un tiempo de guerra -Secretariat en Vietnam, Smarty Jones en Irak-, y también cuando ya muchos pensaban que la mítica Triple Corona jamás volvería a ser conquistada; sus magníficas corridas no sólo fueron un rayo de esperanza para el público Norteamericano de la época, sino que lo convirtieron en una auténtica celebridad. Además, como Seattle Slew, él pequeño alazán era un invicto de velocidades vertiginosas, y había vuelto a demostrar que no hace falta invertir millones ni ser un jeque para tener al mejor de todos los pura sangres. Si a esto le sumamos que, de la misma forma que Invasor, el potrillo provenía de un lugar que no acostumbra a ver nacer campeones, y que pronto cargaría sobre sus lomos las ilusiones de un país entero, el combo se vuelve brutal. ¿Hace falta más? Bueno, también podemos decir que la historia tiene un final tanto o incluso más desgarrador que la del único otro pura sangre que le pelea mi favoritismo, la magnífica Zenyatta...

Pero, además de todo esto, y de otros factores que potencian aún más la historia (la grave enfermedad de su anciano propietario, el accidente que casi le quita la vida al potrillo aún antes de debutar, la historia de superación de su desconocido jinete), hay otro hecho que hace que Smarty Jones sea -junto con Zenyatta- uno de mis dos caballos preferidos. Y esto ya va por el plano personal.

Para un uruguayo de recursos limitados como quien escribe, que cuyo sueño desde hacía años había sido viajar a Kentucky a visitar a los mejores padrillos del mundo, la noticia de que su pura sangre preferido arribaría a un haras ubicado a media hora de su casa era como un regalo caído del cielo. Con tantos otros padrillos en el planeta, y con tantos otros lugares para que pudieran ir, el hecho de que justo Smarty Jones arribara en modalidad de "shuttle", y justo al Uruguay, resultaba casi irreal, como para pellizcarse los brazos hasta dejarlos rojos. Lo fui a ver a Maroñas el día que desfiló públicamente para el público uruguayo, y luego, en dos ocasiones, asistí al Haras Cuatro Piedras para verlo en persona. De más esta decir que el solo recuerdo de la primera vez que lo palmeé en el pescuezo me pone la piel de gallina...

Fue luego de esa primera visita al haras que escribí este artículo, que nunca hasta ahora había publicado en ningún lado. Lo he actualizado y retocado un poco, pero prácticamente es el mismo. Espero que disfruten al leerlo como yo lo hice mientras lo escribía. Pues aunque es bastante largo, cuenta lo que, al menos para mí, la historia más emocionante del turf.



***


Smarty Jones en el Haras Cuatro Piedras (año 2011)
Costaba creer que aquel alazán que me miraba con ojos inteligentes alguna vez haya tenido a Norteamérica entera en vilo. Emanaba un gran poder, eso hay que decirlo, y era musculoso y bravucón, como si supiera que era diferente a los demás caballos. Pero ya no había helicópteros con camarógrafos revoloteando sobre su cabeza, ni miles de fanáticos que gritaran su nombre a viva voz. Ningún vehículo policial lo había escoltado hacía aquel pequeño haras en Progreso, Uruguay, y ni que hablar de que nadie salió a la ruta para aclamarlo como un héroe. De hecho, parado allí frente a mí aquella fría mañana de agosto de 2011 en el Haras Cuatro Piedras, sólo parecía un muy lindo padrillo.

Siete años atrás, la historia era otra.

Porque cuando el invicto Smarty Jones entró a la pista de Belmont Park la tarde del sábado 5 de junio de 2004, para el delirio de los más de 120.000 aficionados que se habían congregado para verlo correr, Norteamérica entera contuvo la respiración. Ningún potrillo desde Affirmed en 1978 había logrado obtener la mítica Triple Corona, llamada "el trofeo más esquivo de todos los deportes", y las desazones habían empezado a transformarse en moneda corriente durante los úlitmos años. 

Entonces, cuando muchos fanáticos empezaban a creer que nunca más verían un triple coronado, cuando hasta las esperanzas de los más optimistas empezaban a flaquear, había surgido aquel pequeño potrillo de Pennsylvania; ese que casi pierde la vida antes llegar a correr y por cuyos allegados nadie daba un peso, pero que ahora, casi como sin quererlo, se encontraba a las puertas de la inmortalidad. Desde sus primeras carreras en el desconocido hipódromo de Philadelphia Park, hasta sus increíbles victorias el Kentucky Derby y el Preakness, cada uno de sus pasos parecía haber sido cuidadosamente guiado por los dioses del turf, y aquella tarde de junio en Belmont Park, todos esperaban el mágico final para aquel cuento de hadas.

Previo a aquel Belmont Stakes, el alazán había salido en la portada de Sports Illustrated, protagonizado el famoso programa de biografías de A&E, y era moneda corriente en los noticieros de cadena nacional. Cerca de 10.000 fanáticos llegaron a colmar Philadelphia Park sólo para verlo entrenar una mañana de junio después del Preakness, y cuando el tráiler que lo trasladaba llegó a Nueva York escoltado por coches policiales, la gente de la ciudad salió a las calles a vitorearlo. Muchos expertos lo consideraban la reencarnación de Secretariat, un caballo alado que llegaba a salvar a la decadente industria hípica norteamericana, y así se lo trataba por aquellos días. De hecho, puede decirse que, durante aquellas cinco mágicas semanas de 2004, Smarty Jones fue uno de los caballos más famosos de todos los tiempos.

Ahora, para cualquier persona normal, era apenas un lindo caballo en medio del campo uruguayo, un padrillo que se pasaba los días entre galopes por su corral y el pequeño galpón circular donde realizaba sus “servicios”. Quienes lo conocen más, saben que disfruta mucho de sus baños matutinos, y que, a veces, cuando llueve y el terreno de su corral se pone barroso, le gusta ensuciarse un poco. Quién sabe, tal vez la sensación del fango en su cuerpo le traiga lejanos recuerdos de una tormentosa tarde de mayo en Churchill Downs, y de los gritos de 140.000 personas aclamándole cuando cruzó el disco primero en la carrera más famosa del mundo. Pues fue allí, en su victoria más recordada, donde la leyenda del gran Smarty Jones realmente comenzó.


***


Nació un 28 de febrero del año 2001 en el Someday Farm, un establecimiento de 40 hectáreas en Pennsylvania, propiedad de los veteranos Roy y Patricia Chapman, que habían empezado a criar caballos en 1980 pero que nunca en sus vidas habían ganado siquiera una carrera de grupo. Y nació como uno más de los otros 34.720 potrillos pura sangre que nacieron ese año en los Estados Unidos, con las patas largas y el anca cargada de sueños.

Era un alazán de cuerpo pequeño y ojos despiertos; un hijo de Elusive Quality, que en sus épocas de corredor había sabido poseer el récord mundial de los 1600 metros sobre césped, y de I’ll Get Along, una hija del velocista Smile que era la yegua más ganadora que habían tenido los Chapman. Le pusieron Smarty Jones, un poco por la madre de su dueña Pat, Milly “Smarty Jones” McNair –que, al igual que Pat y el potrillo, había nacido un 28 de febrero– y otro poco por sus ojos avispados y su carácter fuerte.

En un principio, los Chapman tenían pensado ponerlo al cuidado de Bob Camac, un viejo amigo suyo que les venía entrenado caballos por años y que había sido quien había recomendado cruzar a I’ll Get Along con Elusive Quality, con la esperanza de sacar un buen millero. Sin embargo, en diciembre de 2001, Camac y su esposa fueron brutalmente asesinados en su chacra de Nueva Jersey por su hijastro, luego procesado y condenado a 28 años de prisión.

Quizás por lo trágico de éste hecho, o por el decadente estado de salud de Roy –padecía de un enfisema pulmonar, lo que lo obligaba a trasladarse en una silla de ruedas y a respirar por medio de un respirador artifical–, fue que los Chapman decidieron vender su establecimiento y a la mayoría de sus caballos, incluida su amada I’ll Get Along. Se mudaron a una residencia cercana pero mucho más pequeña, de apenas una hectárea y media, y se quedaron con dos potrillos, entre ellos Smarty Jones. "Había unos compradores que vinieron a mirar a los otros potros, y se querían llevar a Smarty, que estaba afuera en el campo con su madre" contaría años después Roy Chapman, "Pero yo, gracias a Dios, decidí quedármelo y no venderlo. El caballo tenía ese brillo en la mirada".

Lo pusieron al cuidado del joven y desconocido John Servis, un amigo del fallecido Camac que durante toda su vida había estado radicado en Philadelphia Park, y que no ganaba una carrera de Grupo 1 desde hacía 3 años.

El 27 de julio de 2003, cuando Smarty Jones llevaba apenas unos meses en los establos de Servis y las ilusiones en torno a él eran cada vez mayores, el pequeño alazán enloqueció durante un entrenamiento en las gateras y se golpeó accidentalmente la cabeza contra el techo de las mismas. Cayó al piso inmediatamente, desmayado, y con sangre corriéndole por los ollares, en un suceso tan nefasto que en el momento Servis pensó que estaba muerto. Sin embargo, el caballo volvió en sí, y, fue llevado a toda prisa a una clínica equina en Nueva Jersey, donde se le diagnostico una fractura en la zona del cráneo y otra encima del ojo izquierdo. Contra todos los pronósticos, logró salir del hospital en apenas tres semanas, y luego de un mes de recuperación en el campo, a mediados de setiembre de 2003 ya estaba nuevamente entrenando en Philadelphia Park.
El potrillo era un superviviente.

Debutó el 9 de noviembre de ese mismo año en una carrera para potrillos de 2 años perdedores, sobre una distancia de 1200 metros en la pista de Philadelphia Park. Lo montaba Stewart Elliott, un veterano jockey canadiense con un pasado oscuro de delitos y alcoholismo, que en sus 22 años de carrera había ganado más de 3000 competencias, pero jamás un clásico de grupo 1. Elliott había llegado a ese hipódromo de niño, y había alcanzado considerable éxito en la pista, pero, al igual que Servis y los Chapman, era un completo desconocido a nivel nacional.

El potrillo ganó por 7¾ cuerpos, corriendo a gusto la recta entera.

Apenas 13 días después, ya con las esperanzas enaltecidas, Servis decidió correrlo en el Pennsylvania Nursery Stakes, un clásico restringido para potrillos nacidos Pennsylvania, en la misma pista y también sobre 1200 metros.
El día de su segunda victoria, el Pennsylvania Nursery Stakes

El hijo de I’ll Get Along no defraudó: a pesar de largar un poco lento, no tardó en tomar la punta, y luego de eso se dedicó a estirar diferencias. Tanta era su superioridad sobre los otros 10 potrillos, que a pesar de haber corrido toda la recta sobrando, con Elliott inmóvil sobre sus cruces y frénandolo en los metros finales, Smarty Jones cruzó el disco 15 cuerpos adelante de su rival más cercano. Por si esto fuera poco, obtuvo un Beyer Speed Figure de 105, el más alto para su generación (a nivel nacional) en toda la temporada. Algo que hizo evidente lo que muchos ya pensaban: el alazán de los ojos inteligentes pertenecía a otras ligas.

“Cuando ganó su segunda carrera de esa forma, me di cuenta que Smarty Jones tenía el talento necesario para llegar al Kentucky Derby, y que yo solo tenía que trazar el camino correcto para llevarlo ahí.” diría Servis años más tarde.

Por ese entonces Roy Chapman ya andaba en la silla de ruedas que lo acompañaría durante el resto de sus días, y respiraba con la ayuda de un tanque de oxígeno y una sonda en su nariz. Ese alazán era el caballo que había esperado por décadas, y debió darse cuenta que esa era la oportunidad de su vida. Quizás por eso, fue que decidió apoyar a Servis en la idea de arriesgarse económicamente y sacar al pequeño potrillo de esa pequeña pista perdida, para ponerlo en el radar nacional, y en el camino a la Triple Corona.

En Aqueduct, ganando el Count Fleet
Como una prueba inicial, decidieron llevarlo a Nueva York, donde lo anotaron en la milla del Count Fleet Stakes, corrido el 3 de enero en Aqueduct. Smarty Jones, siempre con Elliott sereno sobre los estribos, mantuvo su récord intacto, corriendo cerca del puntero y despegándose al final para ganar por 5 cuerpos.

Luego de pasar ese primer escollo, en el que Smarty Jones demostró que podía vencer a caballos más talentosos que los de Philadelphia, Servis decidió trasladarlo al hipódromo de Oaklawn Park, en Hot Springs, Arkansas. Por ese entonces, al igual que hoy, Oaklwan tenía tres clásicos preparatorios para el Derby: el Southwest, sobre 1600 metros en febrero; el Rebel, de 1700 metros en marzo; y el Arkansas Derby (Gr. 2), que ofrecía una bolsa de 1 millón de dólares en premios y que se corría sobre 1800 metros en abril.

Servis era bien consciente de que el pedigree y el estilo de correr de Smarty Jones eran más los de un velocista o un millero que los de un fondista. Por eso, su intención al correr los tres clásicos era la de ir una carrera a la vez, para de esa forma ir comprobando si el potrillo era capaz de acarrear sus increíbles velocidades a medida que las distancias aumentaban.

Venciendo a Two Down Automatic en el Southwest
En el Southwest, fiel a su estilo, Smarty Jones largaría bien y se ubicaría segundo, en persecución del veloz puntero Wildcat Shoes, que pasó los primeros 800 metros en rigurosos :45.87. Y aunque el alazán no tendría problemas para deshacerse de ese rival en la recta, sí iba a tener que apelar a toda su guapeza cuando, ya en los metros finales, se le vinieron encima los arremetedores Two Down Automatic y Pro Prado (que cargaban, respectivamente, con 4,5 y 2,2 kilos menos que el pupilo de Servis). Sería la primera vez en su vida que el hijo de Elusive Quality tendría que ser realmente estimulado por Elliott; y aunque en un momento algunos pensaron que la carrera se le podía llegar a complicar, Smarty Jones logró repeler los ataques. Cuando llegó al disco, con una ventaja de 3/4 cuerpos, Elliott ya había bajado la fusta.

Pasado el susto, Smarty Jones volvería a Oaklawn un mes después, para correr en los 1700 metros del Rebel. Y aunque hasta el momento el caballo no había hecho nada mal y su récord invicto de 4 victorias imponía respeto, ese día los apostadores le darían la espalda, convencidos de que si en el Southwest había sufrido tanto los metros finales, los 100 metros más del Rebel serían su perdición. Así fue que, por primera vez en su corta carrera, Smarty Jones no partió como el favorito, sino que fue relegado a la tercera opción, detrás del también invicto Purge, y de Mr. Jester, que había ganado 4 de 7 carreras, y que venía de llegar segundo a apenas 1/2 cuerpo en el Risen Star (Gr. 3).

Ni bien se abrieron las gateras, Purge salió a marcar la punta, con Smarty Jones persiguiéndolo a sólo un cuerpo, mientras Mr. Jester y Pro Prado se ubicaban un poco por detrás. Así recorrieron toda la recta opuesta, y gran parte del codo, con el hijo de Pulpit cómodo en la punta y el resto al acecho. Sin embargo, ya a mitad del codo Smarty Jones empezó a pedirle rienda a Elliott, y el canadiense decidió ir a por la punta, igualando la línea del líder a falta de 400 metros para el disco.
Ganando el Rebel por más de 3 cuerpos

Purge era un muy buen potrillo, uno que en el futuro ganaría varias carreras de grupo 2 e inclusive una de grupo 1. Pero, hasta ese momento de su vida, el hijo de Pulpit jamás había sido puesto a prueba, y sólo basto con una mirada de Smarty Jones para dejarlo en la lona. Así, lo que al entrar en la recta parecía que iba a ser un mano a mano entre los dos invictos, no tardó en convertirse en un monólogo del alazán de los Chapman, que, sin mucha exigencia por parte de Elliott, dedicó los últimos 200 metros de la carrera a sacarle cuerpos a Purge y al resto del lote. Cuando llegó al disco, 3 1/4 cuerpos adelante de sus rivales, no sólo les había demostrado a los apostadores que se habían equivocado enormemente al descartarlo, sino que había dejado en claro que los 1700 metros le sentaban de maravilla: además de haber corrido el Rebel más rápido de los últimos 17 años, había obtenido el registro Thoro-Graph más rápido en la historia para un potrillo de 3 años.

Ya para el día del Arkansas Derby (Gr. 2), los detractores de Smarty Jones se contaban con los dedos de la mano, y el pupilo de Servis partió como el gran favorito de la carrera. Como segunda opción aparecía el prometedor Borrego, que viajaba desde Louisana, donde había llegado segundo en el Louisana Derby (Gr. 2). Y como tercer favorito estaba Purge, que volvía por la revancha.

La carrera tuvo un trámite bastante similar al del Rebel, con Purge marcando el camino en parciales bastante rápidos y Smarty Jones siguiéndolo desde cerca, un poco por delante de Borrego. Sin embargo, esta vez el hijo de Elusive Quality demoraría aún menos que en el Rebel en deshacerse de Purge. Ya a mitad del codo Elliott ya se encontró con que era el líder de la carrera, y, cuando Smarty Jones entró en la recta, sin aún ser exigido, ya le había sacado 3 cuerpos al cansado hijo de Pulpit. Sin embargo, sería Borrego el que arremetería con fuerza en los últimos metros, y aunque el pupilo de Servis sintió un poco el rigor de los parciales iniciales, Elliott jamás entró en pánico; solo impulsándolo con sus brazos, guió al invicto a su sexta victoria consecutiva, que en el disco fue por 1 1/2 cuerpos.

En un abrir y cerrar de ojos, Servis y los Chapman se encontraron no sólo con que su caballo iba a correr la carrera más famosa del mundo, el Kentucky Derby, sino que llegaba como uno de los favoritos a ganar, con un récord invicto de 6 victorias sobre 6 salidas a pista.

La tarde de su victoria en el Arkansas Derby
Sin embargo, aunque hoy en día se pueda llegar a pensar que el hijo de Elusive Quality fue el enorme favorito de aquel Derby, la realidad es que, al menos en la previa, todos veían a aquella edición de la carrera como una de las mas abiertas de los últimos años. Con la excepción de Smarty Jones -que era el único invicto de los 18 participantes-, ningún potrillo llegaba al Derby habiendo ganado dos carreras consecutivas, y la gran mayoría de los favoritos ya se habían vencido los unos a los otros.

Y aunque esto pueda hacer pensar que no-elección de Smarty Jones como el favorito de la competencia fue una temeridad, la realidad es que en la previa había un gran número de dudas en torno al hijo de Elusive Quality. En primer lugar, muchos creían que sólo había vencido a potrillos de menor calibre que aquellos a los que iba a enfrentar en Kentucky -de los 18 competidores, Smarty Jones había enfrentado solo a Borrego y Pro Prado, y sólo el primero de estos dos parecía tener alguna chance de siquiera integrar el marcador-. Además, hay que entender que, aunque hoy en día la ruta al Kentucky Derby por Arkansas es muy común y una de las más exitosas, en aquel tiempo no lo era tanto. De hecho, el ultimo ganador del Arkansas Derby en ganar en Kentucky había sido Sunny's Halo, en 1983.

Muchos expertos opinaban también que, si Smarty Jones había sentido el cansancio en los metros finales del Southwest y el Arkansas Derby, la situación en el Kentucky Derby -en donde iba a correr 200 metros de lo que jamás había corrido- iba a ser mucho peor. Tampoco era nada nuevo que su pedigree, ya poco llamativo de por sí, era más el de un sprinter que el de un favorito a llevarse la carrera más famosa de Norteamérica.

Y por si todo esto fuera poco, había muchos otros factores históricos que parecían alinearse en contra del nacido en Pennsylvania. Desde Seattle Slew en 1977 que un invicto no ganaba el Kentucky Derby. Y había sido también en 1977 con aquel legendario caballo la última vez que una dupla de entrenador y jinete debutantes en el Derby ganaron la carrera. Servis nunca había asistido a un Derby, ni siquiera como espectador, y Stewart Elliott era un buen jinete en las áreas regionales, pero nunca había corrido una carrera de esa magnitud en su vida, y muchos se preguntaban cómo se enfrentaría a hombres con mil y un batallas en competencias de ese tipo. No faltaron los que criticaron a Servis por no haber elegido algún jinete más renombrado para correr a su pupilo, al menos en el Derby.

Smarty Jones era talentoso, pero, ¿podría contra el favorito oficial del Derby, The Cliff's Edge, que venía de ganar el histórico Bluegrass Stakes (Gr. 1) en gran forma y que era entrenado por el dos veces ganador del Derby, Nick Zito? ¿o contra el bólido del oeste, Lion Heart, que era conocido por salir a hacer la punta y jamás mirar atrás? ¿o el talentoso Tapit, que solo había perdido una carrera en su vida, y que en su última salida había ganado el Wood Memorial (Gr. 1) mediante una electrizante arremetida desde la última ubicación? La tarea no parecía imposible, pero sí en extremo díficil para el hijo de Elusive Quality.

Para colmo de males, el día de la carrera amaneció con una de las peores tormentas eléctricas en la historia de Kentucky, y faltando apenas una hora para la largada, la pista estaba absolutamente cubierta de agua. Eso no sólo era un riesgo mayúsculo, sino que cambiaba por completo cualquier suposición previa, y levantaba un sinfín de preguntas en torno al favoritismo de Smarty Jones. ¿Cómo se iba a adaptar el invicto a la pista fangosa? ¿No era suficiente ya con el hecho de tener que enfrentar a los 17 mejores potrillos del país sin nunca haber corrido una carrera de Grupo 1, o que su jinete y su entrenador fueran absolutos novatos en competencias de este tipo? ¿Tendría la clase suficiente el alazán para ganar la carrera de su vida?

La largada del Kentucky Derby
Al parecer, la mayoría de los espectadores pensaron que sí, porque al momento de la largada, Smarty Jones era el favorito de la edición número 130 del Kentucky Derby, pagando $4,10, con el veloz Lion Heart considerado la segunda opción, a $5,40.

Ni bien se abrieron las gateras, Lion Heart, como era de esperarse, salió como una bala hacia la punta, y antes de haber corrido 100 metros ya llevaba un cuerpo de ventaja sobre sus escoltas más cercanos. Smarty Jones era uno de ellos. El alazán había largado muy bien desde el cajón número 15, y Elliott lo había conducido serenamente hasta una posición cercana al veloz puntero. 

Cuando cruzaron el disco por primera vez, Lion Heart enseñaba el camino, pero apenas un cuerpo detrás suyo se agolpaban cinco competidores, todos flanco a flanco y batallando por el segundo puesto. Smarty Jones estaba en medio de los cinco, con Minister Eric y Read The Footnotes a su interior, y Pollard's Vision y Quintons Gold Rush apretándolo desde afuera. Por un momento pareció que el hijo de Elusive Quality iba a tener problemas de tráfico, pues hubo un par de choques, pero los dos rivales de adentro no tardaron en aminorar la marcha, y para cuando hubieron entrado en el primer codo Smarty Jones ya estaba libre del sándwich que había sufrido instantes antes.

Lion Heart (azul y naranja) lidera. Atrás, Smarty Jones se hace un lugar
Lion Heart aprovechó ese leve encontronazo entre sus perseguidores y sacó una ventaja de 2 1/2 cuerpos en el codo. Detrás suyo, Smarty Jones y Pollard's Vision se disputaban la segunda colocación, y Minister Eric se les sumó desde la baranda interior cuando entraron en la recta opuesta.

Mike Smith llevaba a Lion Heart muy relajado, pero el hijo de Tale Of The Cat era veloz, y cuando hubo cruzado los primeros 800 metros en vertiginosos :46.73, ya llevaba tres cuerpos de ventaja. Más atrás, Smarty Jones, Pollard's Vision y Minister Eric seguían todos pegados en su persecución, y saliendo de la recta opuesta aceleraron un poco la marcha para ponerse a dos cuerpos del puntero. Lion Heart entró en el último codo luego de pasar los 1200 metros en 1:11.88, un tiempo rápido para el estado de la pista, pero que no parecía estarle quitando muchas energías. De hecho, luego de la carrera, Smith contaría que en ese instante, sabiendo que llevaba una ventaja considerable sobre sus escoltas, y consciente de que Lion Heart venía corriendo muy cómodo, pensó que tenía el Derby en su bolsillo. Sin embargo, ignoraba que Smarty Jones tenía otros planes.

Ni bien entraron al codo, Elliott percibió que Mike Smith estaba intentando "robarse" la carrera en la punta, y con un movimiento casi imperceptible de sus brazos le indicó a su conducido que era la hora de empezar a correr enserio. Smarty Jones reaccionó instantáneamente, y, despegando como un cohete, dejó a Pollard's Vision y Minister Eric atrás, lanzándose hacia la punta. En ese instante, Smith vio por una pantalla en las tribunas que el hijo de Elusive Quality iba en su persecución, y, tocando a su conducido en la paleta, intentó mantener una ventaja de al menos un cuerpo sobre Smarty Jones antes de ingresar al derecho.
Entrando en la recta, Smarty Jones va en busca de Lion Heart
Así entraron a la recta, para el rugido de los 140.000 fanáticos: Lion Heart decidido en la punta, manteniendo una leve ventaja sobre Smarty Jones, que arremetía con decisión; el resto de los 16 participantes se encontraba a más de cinco cuerpos.

Pero aunque el hijo de Elusive Quality venía con toda la inercia a su favor y todos pensaron que no iba a tardar en tomar la punta, el alazán se abrió un poco de más al entrar a la recta. Para peor, cuando Mike Smith empezó a impulsar con la fuerza de sus brazos, el bravo Lion Heart encontró un segundo aire y dio batalla.

Elliott sacó la fusta, y empezó a castigar a Smarty Jones en el anca derecha, al tiempo que Smith hacía lo mismo sobre el anca izquiera de Lion Heart. Y mientras el relator oficial de la Triple Corona Tom Durkin exclamaba emocionado una de sus frases más célebres: "Lion Heart is all heart! Smarty Jones is all out!", los dos pingos dejaban la vida en el fango de Churchill Downs.

Finalmente, cuando faltaban apenas 200 metros para el disco, Smarty Jones logró quebrar la resistencia de Lion Heart, y tras un par de fustazos más por parte de Elliott, se encaminó en solitario a la victoria. El canadiense guardó el látigo a falta de 100 metros, y, con la carrera ya en su bolsillo, se dedico a impulsar al alazán con sus brazos, saboreando una victoria que nunca antes en su vida se había atrevido siquiera a soñar.
Smarty Jones pica en punta, el primer invicto en ganar el Derby en 27 años

Ante los gritos ensordecedores de los 140.054 espectadores que habían colmado Churchill Downs a pesar de la intensa lluvia, Smarty Jones cruzó el disco 2 1/2 cuerpos por delante del valiente Lion Heart, convirtiéndose así en el primer invicto en ganar el Kentucky Derby desde Seattle Slew en 1977, y haciendo añicos cualquier vestigio de duda que hubiera acerca de su categoría. Todas aquellas preguntas que en la previa parecían no tener respuesta quedaron respondidas, y con enfásis. La pista, el clima, los rivales, su lugar de procedencia, y hasta la inexperiencia de su propio jinete, nada de eso importó esa inolvidable tarde de principios de mayo. Smarty Jones era, por lejos, el mejor pura sangre de su generación, y lo había demostrado. Y aunque aún quedaban semanas muy difíciles por delante si quería llegar a obtener la tan ansiada Triple Corona, dentro de muchos aficionados se iba gestando la idea de que tal vez, finalmente, había llegado el momento. Quizás, ése pequeño alazán de Philadelphia era el que todos estaban esperando.

No hay nada más atractivo para el público norteamericano que un patito feo que logra convertirse en cisne. Y si algo era Smarty Jones, era eso, un pequeño alazán que parecía estar destinado a todo menos a la gloria, pero que había desafiado la lógica y la historia al ganar la carrera más famosa del mundo. Y aunque previamente al Derby ya muchos fanáticos habían quedado fascinados con su magnífica historia, luego de la carrera su popularidad traspasó las barreras del deporte. El enorme éxito de la película Seabiscuit, que había sido estrenada el año anterior, había atraído a muchos nuevos fanáticos al deporte; y allí, en aquel potrillo de Pennsylvania, muchos veían a la reencarnación del legendario pura sangre californiano de la década del '30.

Y ni que hablar que en Philadelphia, la ciudad que lo había visto nacer, Smarty Jones se convirtió en un héroe de la noche a la mañana, una especie de Rocky equino vuelto realidad. El caballo aparecía a diario en la portada de los periódicos más importantes de la ciudad, y no había nadie que no supiera quien era. Incluso, cuando el sábado siguiente al Derby el potrillo, que había vuelto a Philadelphia Park, salió a galopar en la mañana, cerca de 5.000 personas se agolparon contra las barandas de la pista, llenando el hipódromo como en ningún día de carrera lo hacían.

Lo que en el momento fue conocido a nivel nacional como la "Smarty Mania" había comenzado, y con una fuerza tan arrolladora que pronto Smarty Jones se convirtió en el pura sangre más famoso desde los tiempos de Secretariat. Salió en la tapa de Sports Illustrated, bajo el título de “¿Por qué todo el mundo ama a Smarty Jones?” y catapultó a sus sencillos allegados a una fama de nivel mundial. De hecho, fue tanto el furor en torno al pequeño alazán, que cuando sus propietarios fueron entregados el cheque por 5 millones de dólares por parte de Charles Cella, el dueño de Oaklawn Park, (por haber ganado el Rebel, el Arkansas Derby, y luego el Kentucky Derby) la noticia pasó casi desapercibida. Lo único que todo el mundo quería saber era como estaba el potrillo, y cómo llegaría al Preakness, su siguiente escalón si quería hacerse con la Triple Corona.

Para el día del Preakness Stakes, la segunda gema de la Triple Corona, corrida sobre 1900 metros en Pimlico, ya eran pocos los que se animaban a salirse al cruce al hijo de Elusive Quality. Los 100 metros menos de la carrera no hacían más que beneficiar al veloz alazán, y de sus 17 rivales del Derby, solo 4 volvían a por la revancha: sus dos escoltas dos semanas atrás, Lion Heart e Imperialism, más Borrego y Song Of The Sword, que habían llegado décimo y undécimo respectivamente.

"¿Por qué todo el mundo ama a Smarty Jones?"
Pero si había un caballo en ese Preakness que generaba incógnita, ése era Rock Hard Ten, el gigantesco y hermoso oscuro proveniente de California. Un talentoso hijo de Kris S., el caballo había debutado tardíamente, en una carrera para perdedores corrida en febrero sobre Santa Anita. Sin embargo, tras dos fáciles victorias en esa pista, su entrenador, el exitoso Richard Mandella, decidió anotarlo en el Santa Anita Derby (Gr. 1), ante los mejores potrillos de la costa oeste. Allí, el caballo pagaría cara su inexperiencia, y aunque probablemente había sido el mejor de la carrera, sería distanciado al tercer puesto por interferencias en la recta, luego de haber llegado segundo, a apenas una cabeza del ganador Castledale. El distanciamiento le había impedido obtener el monto de dinero suficiente para ingresar al Derby, y allí estaba ahora en el Preakness, considerado por muchos como el segundo mayor enemigo de Smarty Jones, detrás de Lion Heart.

Un récord de 112.668 personas colmaron el hipódromo de Pimlico aquella hermosa tarde del 15 de mayo de 2004, expectantes por ver una nueva actuación del nuevo ídolo americano. Y cuando el invicto de Pennsylvania entró a las gateras, su musculoso cuerpo alazán reluciendo bajo el sol de Maryland, el público lo había convertido en uno de los mayores favoritos en la historia de la carrera, cotizando a 1-5.

Tras algún que otro susto provocado por el nerviosismo de Rock Hard Ten para entrar en las gateras -lo que provocó que su jinete Gary Stevens, que había viajado desde Europa solo para correr esa carrera, tuviera que bajarse del enorme animal-, la carrera largó unos minutos tarde, pero sin problemas. Y, al menos en sus tramos iniciales, aquel Preakness fue muy similar al Derby.

Largando en el Preakness
Smarty Jones, saliendo desde el cajón número 7, fue el más rápido en largar, pero Elliott logró contenerlo, cediéndole la punta a Lion Heart, que había largado desde la gatera número 1 y que era impulsado por Mike Smith a por el primer lugar. Una vez que logró ubicarlo allí, Smith decidió alejarlo de la baranda interior, buscando que Smarty Jones -que se ubicaba por fuera de Lion Heart a solo un de cuerpo- tuviera que recorrer más metros que los demás caballos. Así cruzaron el disco por primera vez, entrando en el primer apretado codo de Pimlico con Lion Heart a 4 cuerpos de la baranda interior, y Smarty Jones persiguiéndolo por afuera. El resto del lote, con el tordillo Imperialism a la cabeza, venía por detrás del pupilo de Servis, acechándolo desde cerca.

Entrando en la recta opuesta, el veloz Lion Heart se despegó de Smarty Jones, sacándole un par de cuerpos, tras pasar los primeros 800 metros en :47.52. Los demás potrillos seguían por detrás de Smarty Jones, y aunque Imperialism y Swong Of The Sword eran los que venían más cerca, no era dificil darse cuenta que el que mejor se movía era Rock Hard Ten; entrando en el último codo, el gigantesco oscuro se encontraba sexto por afuera, a más de 6 cuerpos de Lion Heart, pero sus brazadas se hacían más largas a cada segundo.

A poco de entrar al codo, Lion Heart, aún muy alejado de la baranda interior, pasó los primeros 1200 metros en 1:11.53. Sin embargo, era visible que no estaba tan cómodo como en el día del Derby, y su ritmo empezó a mermar. Fue entonces cuando Stewart Elliott decidió que era el momento de atacar, y, agazapado sobre las cruces de Smarty Jones, le indicó que era el momento de acelerar. Al igual que en el día del Derby, el alazán no necesitó de muchas exigencias; y apenas Elliott le aflojó las riendas, el petiso despegó como si recién hubiesen largado, alejándose del resto del lote y acercándose a Lion Heart por adentro con extrema facilidad.
Smarty Jones deja a Lion Heart parado. Detrás, arremete Rock Hard Ten

Cuando Gary Stevens, a lomos de Rock Hard Ten, vio que Smarty Jones se lanzaba a por la punta, el legendario jinete -que ya había ganado dos veces el Preakness- también empezó a exigir a su conducido. Y Rock Hard Ten, que ya venía moviéndose muy cómodo, aceleró instantáneamente, empezando a recortar distancias con Lion Heart y Smarty Jones.

Smith vio la que se venía cuando Smarty Jones empezó a respirarle en la bota izquierda, y, aunque aún no habían entrado en la recta, empezó a impulsar a Lion Heart con sus brazos, obligándolo a acelerar para intentar mantener el liderazgo. Sin embargo, Smarty Jones parecía seguir ganando velocidad a cada segundo, y por más que Elliott siguiera tranquilo sobre su lomo, el alazán dejó a Lion Heart atrás como una bala rojiza.

Smarty Jones entró en la recta ya con 2 cuerpos de ventaja sobre Lion Heart, que a pesar de los impuslos de Mike Smith estaba liquidado. Sin embargo, la amenaza parecía provenir de Rock Hard Ten, que, desplegando sus enormes brazadas, seguía acelerando y acercándose a los punteros. Terminada la carrera, Gary Stevens revelaría que, entrando en la recta final, pensó que la carrera podía ser suya. Rock Hard Ten aún no había pasado a Lion Heart, y aún se encontraba a 3 cuerpos de Smarty Jones; pero el oscuro ganaba impuslo a cada segundo, y Stevens sabía que aún le quedaban restos de sobra para los últimos metros.

Sin embargo, las ilusiones de Stevens no trardrían en hacerse añicos. Porque, a pesar de que Smarty Jones ya había acelerado de forma impresionante en el codo, una vez que entró en la recta y Elliott lo impulsó con sus brazos, el pequeño alazán despegó nuevamente. Y lo que Stevens pensó que podía llegar a ser una reñida batalla entre Rock Hard Ten y el alazán, no demoró en convertirse en una verdadera ejecución; probablemente una de las mayores muestras de superioridad que yo he presenciado en mi vida. Con Elliott casi inmóvil, el invicto Smarty Jones empezó sacar cuerpos y más cuerpos, como si el resto del lote, que eran los mejores potrillos de 3 años del mundo, estuvieran corriendo en cámara lenta. Cincuenta metros después de entrar en la recta, el alazán ya llevaba cuatro largos de ventaja sobre Rock Hard Ten, que no tardaron en convertirse en cinco, y luego en seis. "¡La recta de Pimlico le pertenece a Smarty Jones!" exclamaba atónito el relator del hipódromo, Dave Rodman, al ver cómo el hijo de Elusive Quality, con Elliott aún agazapado detrás de su pescuezo, seguía estirando diferencias con cada zancada. "¡Es la imagen de la perfección!".

El público deliraba, las tribunas temblaban, y los brazos triunfantes de los fanáticos se alzaban al azul cielo primaveral, mientras el increíble Smarty Jones recorría la recta de Pimlico en solitario, en uno de los Preakness más memorables de todos los tiempos. Cuando cruzó el disco, sin nunca ser exigido del todo por Elliott, no sólo le había sacado 11½ a Rock Hard Ten -el márgen de victoria más amplio en los 129 años de historia de la carrera-, sino que había hecho creyentes de los pocos detractores que le quedaban entre los turfmans. Detrás de Rock Hard Ten, Eddington había sobrepasado a un agotado Lion Heart en los metros finales, para hacerse con el tercer puesto. Pero todo eso era mera estadística, pues, con aquella increíble corrida en la recta, Smarty Jones no sólo había dejado en claro que sus chances de obtener la Triple Corona seguían intactas, sino que parecía el más indicado para lograrlo desde Spectacular Bid.

Y si la ilusión y el furor en torno a Smarty Jones ya eran grandes luego del Derby, una vez que el alazán hubo ganado el Preakness, su popularidad ascendió a niveles increíbles. Obtuvo un Beyer Speed Figure de 118 por su magistral actuación, que terminaría siendo el más alto para su generación esa temporada, y que todavía se mantiene como el segundo mejor para una carrera de la Triple Corona desde que se lleva registro. Y Gary Stevens, que aún hoy en día considera a Rock Hard Ten como el mejor caballo que montó, a la misma altura que Point Given e incluso mejor que Silver Charm, expresaría al terminar la carrera que "Smarty Jones es algo muy, muy especial. De veras me hizo acordar a Secretariat hoy, por la forma en que se alejó en la recta."

Pero Stevens no era el único en expresar su admiración. De hecho, en aquellas tres semanas entre el Preakness y el Belmont, la prensa y los expertos hípicos no parecían encontrar palabras suficientes para alabar al pequeño alazán de Pennsylvania:
Smarty Jones gana un Preakness memorable. Atrás, el público delira

“Él es aquel que estábamos esperando” dijo Mike Watchmaker.

Y el ex-jinete Chick Lang, que había visto más de sesenta Preakness, llamó al de Smarty Jones “una de las mejores actuaciones que he presenciado en mi vida”.

“Es uno de los mejores pura sangres de la historia” dijo el legendario entrenador Bobby Frankel.

“Ya nadie podrá dudar de que fuerzas sobrenaturales guían su camino” expresó, por su parte, el famoso escritor Steve Haskin.

“Probablemente sea el caballo del siglo” fueron las palabras de Bob Neumeier, uno de los expertos hípicos de NBC.

Y mientras en Philadelphia Park 11 mil personas se congregaban sólo para verlo entrenar; mientras cientos de cámaras y hasta helicópteros de la prensa lo seguían a todos lados, y los mejores establecimientos de cría del mundo ofrecían cerca de 50 millones de dólares por sus derechos de reproducción, el alazán de los ojos avispados se preparaba para su cita final con el destino, en las temibles dos millas y media del Belmont Stakes, y la posibilidad de convertirse en el primer triple coronado en un cuarto de siglo.


***


¿Qué decir de aquel Belmont Stakes? ¿Qué fue una de las mayores desdichas en la historia de la hípica norteamericana? ¿Qué no hubo, ni volverá a haber, un momento tan devastador para los fanáticos del turf en mucho, mucho tiempo? No sería suficiente.

Las tribunas de Belmont Park estaban absolutamente repletas esa soleada tarde de junio. Una asistencia de 120.139 personas –récord absoluto para cualquier evento deportivo en la historia de la ciudad Nueva York– se había congregado allí para ver a Smarty Jones intentar entrar en la historia del deporte. Las comparaciones con las leyendas abundaban. Algunos lo equiparaban con Seattle Slew, por su récord invicto y la inexperiencia de su jockey y su entrenador al momento de correr la Triple Corona. Otros, con el sensacional Affirmed, por la guapeza que desplegaba en cada salida a pista. Incluso, algunos veían en aquel pequeño alazán a la reencarnación del mítico Secretariat, aquel que había obtenido la Triple Corona en 1973 después de 25 años, ganando el Belmont Stakes por la disparatada diferencia de 31 cuerpos y estableciendo un record mundial de 2:24 para los 2400 metros.

El público colma Philadelphia Park para ver al invicto galopar
Tal era la confianza que se tenía en el potro, que incluso Tom Durkin, famoso relator de las carreras de la Triple Corona para la NBC por décadas, revelaría en una entrevista años más tarde que ese día hizo una marca en la baranda interior de la recta de Belmont Park, a exactamente 31 cuerpos del disco, para saber así si Smarty Jones rompía el récord de Secretariat.

Sin embargo el Belmont estaba muy lejos de ser tarea fácil para pequeño alazán. Además de sus 2400 metros, distancia que hasta ese momento del año ningún potrillo de su generación había corrido, y para la que el pedigree del hijo de Elusive Quality no parecía ser el más apto, había otras complicaciones mayores.

Siempre se dice en los Estados Unidos que la Triple Corona del turf es la conquista más difícil de todos los deportes. Un cetro tan esquivo que en más de un siglo de historia sólo 11 caballos habían logrado conseguirlo. Una tarea casi imposible, no solo por el nivel de la competencia, sino también por el tiempo de separación que hay entre cada arrera: son solo 2 semanas entre el Derby y el Preakness, y apenas 3 más antes del Belmont. Para animales que están acostumbrados a correr apenas una vez por mes -como mucho-, y que ya vienen de un trajín de carreras importante, la faena resulta prácticamente insoportable.

Si el mismo Servis había dicho, previo al Preakness que su pupilo estaba “vulnerable” por el poco tiempo de preparación que había tenido desde el Derby, no era difícil imaginarse lo que pensaría el joven entrenador los días previos al Belmont. Smarty Jones no solo correría por primera vez en una distancia que no parecía su favorita, sino que también lo haría viniendo tras dos extenuantes victorias. Enfrentaría a muchos caballos mejor descansados que él, entre ellos algunos participantes del Derby que habían dejado pasar el Preakness solo para prepararse para esa carrera, como Birdstone, que parecía no tener chances, pero que cuyo pedigree era afín a las distancias largas. Además, desde el Preakness volvían a por la revancha Rock Hard Ten, que estaba en pleno ascenso, y Eddington, que sería montado por el legendario Jerry Bailey. 

También había otras complicaciones mayores. La pista de Belmont Park, a diferencia de casi todas las otras pistas de Norteamérica, tenía un recorrido larguísimo, con un codo estirado y una recta que se hacía eterna para los jinetes que no corrían allí a menudo –como por ejemplo, Stewart Elliot–. Dejarse engañar por el largo codo y exigir al caballo demasiado temprano era un error común en aquellos que no conocían la cancha al dedillo, y uno que podía costarle a Smarty Jones la tan ansiada Triple Corona.

Sin embargo, a pesar de todos estos factores, el sentimiento de confianza en el pupilo de Servis era tan generalizado como su popularidad. Si había un potrillo que iba a lograrlo, tenía que ser Smarty Jones. Su historia era demasiado increíble, y su superioridad sobre los de su generación demasiado marcada, como para que los dioses del turf le negaran aquella victoria tan ansiada por todos. ¿Si un caballo como Smarty Jones no lograba la Triple Corona, podría hacerlo algún otro? Parecía improbable.

Le tocó largar desde la posición número 9, la más lejana a la baranda interior, y no había nadie en el hipódromo que no estuviera conteniendo la respiración cuando entró caminando tranquilamente en las gateras. “Allí entra Smarty Jones. ¿Tomará su lugar en la historia del turf? Pronto lo averiguaremos” fueron las palabras del relator Tom Durkin, que estaba igual o más nervioso que la multitud de fanáticos que desde hacía horas colmaban el hipódromo.

Después se abrieron las gateras, y el ruido de las tribunas fue ensordecedor.

Mucho se ha hablado de ese día. Algunos dijeron que Alex Solís y Jerry Bailey –a bordo de Rock Hard Ten y Eddington, respectivamente– no soportaban el hecho de que un novato desconocido como Elliott obtuviera la Triple Corona, y que decidieron sacrificar a sus caballos, haciéndolos correr en la delantera para presionar a Smarty Jones a volar en los primeros tramos de la competencia. Otros echaron las culpas sobre Elliott, alegando que se dejó engañar por el largo codo de Belmont, y que exigió el resto a su potrillo demasiado temprano, dejándolo sin nada para los metros finales. Muchos hicieron también hincapié en el hecho de que el pedigree de millero de Smarty Jones, ese que tanta aceleración y brillantez le habían dado en las dos primeras gemas de la Triple Corona, terminó por jugarle en su propia contra en los largos 2400 metros del Belmont.
Sin embargo, ninguna de estas teorías puede ser confirmada, al menos totalmente, y yo solo puedo hablar de los hechos.

Luego de largar bien y de ser contenido en los tramos iniciales por Elliott, Smarty Jones, lleno de energías, obligaría a Elliott a tomar la punta en la recta opuesta. Eso de por sí ya era un mal agüero, ya que eran muy pocos los caballos que lograban vencer en el Belmont de punta a punta.

Pero las cosas se pondrían peor cuando, siempre presionado, primero por unos, luego por otros, pero principalmente por los ya mencionados Rock Hard Ten y Eddington, el pequeño alazán corriera el tercer cuarto de milla de la competencia en :22.91, y el siguiente en :23.68. Entrando en el segundo y último codo, tanto Solís como Bailey tenían que impulsar a Rock Hard Ten y Eddington para que mantuvieran el ritmo de Smarty Jones, que, con Elliott aún agazapado, cruzó los primeros 1600 metros en increíbles 1:35.44, el segundo mejor registro en la historia de la carrera, sólo por detrás del de Secretariat. 

“Estaba procupado” diría Servis tiempo más tarde: “el potrillo iba muy rápido”.

A mitad del codo, poco antes de entrar en la recta final, Smarty Jones seguía corriendo con ganas, mientras al mismo tiempo tanto Eddington como Rock Hard Ten, pingos talentosos que luego tendrían grandes campañas, tiraban la toalla, acalambrados por unos parciales iniciales que hubiesen liquidado a cualquier caballo normal. Pero Smarty Jones no era normal, y ante el pedido de Elliott, que tal vez en ese momento debería haber elegido apaciguarlo un poco para guardar energías -cosa que no hizo-, el pequeño alazán del corazón gigante siguió corriendo, su pescuezo estirado hacia adelante, sus orejas chatas hacía atrás.

Cuando, ante el rugido más ensordecedor que Belmont Park hubiera visto en décadas, el invicto Smarty Jones entró en la recta, había recorrido los primeros 2000 metros de la carrera en extraordinarios 2:00.52, lo que hubiese bastado para ganar todos los Kentucky Derbys de la historia menos cuatro. Le había sacado 5 cuerpos a un agotado Rock Hard Ten, al que le faltaba poco para estar trotando, y, al menos por un momento, aquellos que habían visto a Secretariat en esa inolvidable tarde de 1973, pensaron que se encontraban ante una actuación similar.

Smarty Jones es superado por primera vez en su vida
Pero aunque muchos se dejaron llevar por la emoción, no había que ser un experto para darse cuenta de que "Smarty" empezaba a quedarse sin restos. Los gritos de júbilo de los aficionados al verlo entrar en la recta en solitario, ahora se convertían en alaridos de desesperación, a medida que veían como las brazadas del caballo de los sueños empezaban a hacerse cada vez más pequeñas. Y, con estupor, vieron como un fresco Birdstone, aquel que había llegado octavo, lejos, en el Derby, emergía fresco desde el fondo del lote, su cuerpo cubierto de arena. ¡Han pasado 26 años! ¡Y está a sólo doscientos metros!” eran las palabras emocionadas de Durkin. “¡¿Podrá Smarty Jones aguantar?! ¡Birdstone se viene!”.

La gente vociferaba con todas sus fuerzas, como si con eso bastara para que Smarty Jones aguantara tan solo un poquito más, y, en la pista, Stewart Elliot se movía iracundamente arriba del alazán, que dejaba sus últimos restos en las arenas de Belmont Park.

Faltando 200 metros, algunos pensaron que podría llegar a darle.

Sin embargo, llegó un momento, con apenas 100 metros para el disco, en que el pequeño potrillo con el corazón del tamaño del sol no pudo más. En una última muestra de su guapeza, y ya con Birdstone a la par, el hijo de Elusive Quality cambió de mano por segunda vez en la recta, buscando un nuevo golpe de aceleración. Pero ya no tenía nada; el pequeño alazán lo había dejado todo en la pista, y, esta vez, no iba a ser suficiente. Faltando apenas 50 metros para el disco, Birdstone aceleró y pasó de largo, dejando al hipódromo entero, que segundos antes era una caldera, en un silencio sepulcral. Algunos dicen que, para cuando el hijo de Grindstone llegó al disco, rompiendo con apenas 1 cuerpo de ventaja el invicto del gran Smarty Jones y haciendo añicos las esperanzas de un país entero, en Belmont Park solo se escuchaba el sonido de los cascos contra el piso, y la respiración de los dos guerreros que habían dejado todo sobre la pista...


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“No había nada en él que no fuera grandioso” dijo Steve Haskin.

Y Andy Beyer, por lo general propenso a desmerecer a los caballos más populares, no pudo evitar expresar, desolado, que “Smarty Jones realmente merecía la Triple Corona”.

“Lo siento, lo siento, de veras siento mucho que Smarty Jones no haya podido ganar el Belmont. Hubiese sido feliz llegando segunda de el” se disculpó enseguida después del Belmont Maryolu Whitney, la dueña de Birdstone, en un hecho sin precedentes.

“Smarty Jones era tan bueno como cualquier caballo que haya visto en mi vida” opinó el jinete Gary Stevens.

“Podría haber sido el mejor de la historia. Nunca llegamos a ver lo mejor de él” dijo su entrenador, John Servis.

Jason Shandler, por su parte, escribió que: “Smarty Jones era tan superior a los de su generación que resultaba escalofriante”.


Smarty Jones nunca más volvió a correr. Una lesión provocada por los esfuerzos realizados durante la Triple Corona lo alejó para siempre de las pistas, y fue retirado pocos meses después de aquella fatídica tarde de Belmont Park, con un récord casi intacto de 8 victorias sobre 9 presentaciones.

Al día de su retiro, era apenas el cuarto ganador invicto del Kentucky Derby, y el tercero en ganar también invicto el Preakness. Se retiró como el quinto caballo más millonario en la historia del turf norteamericano, con más de 7,6 millones de dólares en premios, y el promedio de los márgenes de victoria de sus ocho victorias era de exactamente 6 cuerpos. Obtuvo los mejores Beyer Speed Figures de su generación a los 2 y a los 3 años, y aún mantiene el récord de asistencia de espectadores para el hipódromo de Belmont Park. Un récord que seguirá intacto por mucho tiempo.

Poco tiempo después de su retiro, se anunció que los Chapman habían vendido el 50% de sus derechos de reproducción al prestigioso Three Chimneys Farm de Kentucky (el mismo que había sido hogar del legendario Seattle Slew) por 20 millones de dólares, y el valor de su servicio fue fijado en U$S 100.000. El potrillo que había cautivado al mundo dejaba las pistas para siempre, pero no dejaba solo recuerdos; según se publicó en la época, sus increíbles victorias en la Triple Corona habían atraído más de 13 millones de nuevos fanáticos para el deporte del turf.

Finalmente, una triste tarde agosto, miles de admiradores se juntaron en el hipódromo de Philadelphia Park, allí donde todo había comenzado menos de un año antes, para verlo galopar una última vez antes de iniciar su carrera como padrillo. Hubo aplausos, gritos, y más de una lágrima por lo que podría haber sido.

Poco más de un año después, a finales de 2005, su dueño, Roy Chapman, falleció, fruto de la enfermedad que lo había aquejado durante tanto tiempo.

Había visto al caballo con el que había soñado toda su vida.


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Quizás no haya sido el mejor de todos: ni siquiera fue nombrado "Caballo del Año", y rara se lo menciona cuando se habla de los mejores caballos de la década. A pesar de que su progenie ha ganado más de U$S 25.000.000 en premios, y de que cuente con ganadores de grupo 1 en tres países distintos, no se lo considera uno de los padrillos de élite en Norteamérica, y los dueños de las mejores madres le han dado la espalda, lo que ha generado que, en los diez años que han pasado desde su retiro, el valor de su servicio haya bajado de 100.000 dólares a apenas 7.500. 

Pero lo cierto es que, al menos desde las épocas de Secretariat, ningún caballo había generado el mismo fanatismo que generó Smarty Jones en aquella mágica primavera de 2004. Y, al menos por un buen tiempo, parece que ninguno lo hará. 

Que pudo haber sido uno de los mejores de todos los tiempos, no me cabe ninguna duda; tal vez fue un error de su jinete lo que le impidió entrar en los libros de historia; o puede ser que simplemente le faltara el pedigree para llegar a la distancia; o la suerte.

Nunca el corazón. 

Lo único que sé por cierto es que, aún diez años después de su retiro, aquel alazán de ojos avispados me sigue poniendo la piel de gallina cada vez que miro alguna de sus carreras. Y aunque sus hazañas y su talento se hayan vuelto cada vez más menospreciadas por el público, y de que con el tiempo su magnífica historia vaya cayendo inexorablemente en el olvido de la mayoría, su lugar en mi corazón seguirá siendo siempre el mismo. 

Yo te recuerdo, Smarty Jones.